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Opinión | Crónica Parlamentaria

Agradezcan que Sánchez exista

Nicasio Galván, portavoz de Vox en el Parlamento de Canarias, en una intervención desde la tribuna.

Nicasio Galván, portavoz de Vox en el Parlamento de Canarias, en una intervención desde la tribuna. / Ramón de la Rocha / EFE

Decía Julio Camba en una de sus crónicas parlamentarias, escrita con poco más de veinte años: «En el Congreso de los Diputados el tiempo es una cosa abundante, que siempre sobra y nunca se sabe bien cómo emplear». Pues aquí estamos, maestro, envejeciendo (más) en el derroche de horas ajenas. Aunque no se debe exagerar. En el pleno que concluyó ayer la oposición integrada por el PSOE y NC -Vox no hace oposición, lo suyo son la grosería autoritaria y los sollozos victimistas- tenía clarísimo en qué emplear su tiempo: en seguir evacuando litros de tinta de calamar. Psocialistas y Neocanarios son como Thelma y Louise, agarraditos de la mano mientras aprietan el acelerador y su coche salta en el aire y cae en un desfiladero. Una y otra vez, en preguntas, mociones e interpelaciones, el PSOE y NC insisten en el mismo argumento central: CC no deja de pedir dinero y leyes porque no sabe gestionar. Son pedigüeños para disimular que son torpes, lerdos, insanos, incautos, incapaces y (como diría Les Luthiers) sus canciones son incantables. Lo normal de un gobierno autonómico es estar calladito, agradecer que Pedro Sánchez exista y no dejar de trabajar con alegre resignación competencial. Que hayan elegido semejante línea argumental desvela la debilidad del grupo parlamentario socialista. Cuando tu portavoz -el señor Sebastián Franquis- llega a expectorar, como ayer, que los medios de comunicación han asumido el relato del Gobierno, es que estás realmente mal. Igual ocurre que el relato del Gobierno puede incluir silencios, errores o contradicciones, pero el relato del PSOE -y de su ya apéndice folklórico, NC- insulta la inteligencia de cualquier ciudadano. Igual lo que pasa es que el relato del señor Franquis es una porquería como relato. Porque es Franquis quien se ocupa de la estrategia del grupo parlamentario socialista mientras que la presidenta del mismo, Nira Fierro, se dedica a vigilar a todos los diputados para que no se salgan del tiesto.

En muy pocas materias coincidieron la mayoría de la Cámara con la minoría. Ni siquiera lo hicieron plenamente en las nuevas y abusivas tasas que Aena ha impuesto en los aeropuertos canarios, porque el PSOE intentó excusar un fisquito, siquiera un pisquito, a los saqueadores de Aena, aunque sea remontándose a recordar que fue José María Aznar quien privatizó parcialmente la empresa, fíjate tú. A los socialistas les horroriza lo que pretende CC y recordó el presidente Fernando Clavijo, «una cogobernanza en los aeropuertos canarios» similar a la que existe en las Autoridades Portuarias. Para el PSOE la mejor solución está, exactamente, entre no comer y no dejar comer, y si se le debe pedir algo a los directivos de Aena, que probablemente sí, siempre se debe hacer sin la demagogia de falsos nacionalismos y desde el respeto institucional, que la atención a los viajeros puede faltar, pero el respeto institucional, nunca. Lo del falso nacionalismo es otra brillante idea retórica de Nira Fierro, que en cambio admira a los independentismos que quieren romper el orden constitucional o reclaman sistemas de financiación autonómica a la carta. Es como cuando en sus encuentros quincenales en la Cámara la diputada socialista acusa a Manuel Domínguez de ser de derechas. El vicepresidente del Gobierno solo puede encogerse de hombros irónicamente.

Cuando, por enésima vez, y a través de una PNL, Franquis quiso vender de nuevo su fantasiosa estrategia extraordinaria para transformar Canarias en la Dinamarca de la Macaronesia, dentro del agobiante corta y pega que se ha adueñado del grupo parlamentario socialista, incluso algún diputado del PSOE no pudo evitar bostezar. El portavoz socialista repitió por centésima vez que el Gobierno de CC y PP no hace nada, salvo pedir y pedir al Gobierno central en lugar de gestionar sus competencias en beneficio de Canarias, una educadamente hastiada Socorro Beato quiso acabar con la broma: «Forma parte de las relaciones de las comunidades autónomas con el Gobierno central la reclamación, dentro de un diálogo constructivo, tanto de recursos financieros como de instrumentos o reformas legales para, precisamente, poder ejercer con plenitud esas competencias que figuran en el Estatuto de Autonomía. Carece de sentido lo que están haciendo y diciendo ustedes». Y más claramente: «Cuando llegan reclamaciones de inversiones, traspasos o reformas legales o reglamentarias de Cataluña o el País Vasco, ustedes no las niegan o las rechazan como absurdas». Es más que dudoso que el PSOE atienda a tan razonables razones. Lo más grave es que esto ocurra ahora, porque, en efecto, la crisis política nacional e internacional -con amenazadores cambios en el próximo Marco Plurianual Presupuestario o la acechanza de guerra generalizada en el Oriente Medio en el horizonte- puede colocar a Canarias en una situación de angustiosa fragilidad.

Por eso y muchas cosas más sobran (también) espectáculos bochornosos como el ofrecido ayer por Vox en el Parlamento. Después de un pedregoso y a ratos energuménico discurso de Nicasio Galván -no vale la pena precisar las circunstancias- la señora Fierro, en su turno, quiso dirigirse al portavoz ultra. «Señor Galván, la inmigración… Señor Galván…». El dirigente voxista, casi encloquillado en su escaño, no levantó la mirada de sus papeles. «Señor Galván, me estoy dirigiendo a usted». Inútil. Galván no solo seguía con la cabeza gacha, sino que se puso a escribir con su bolígrafo o, para ser más precisos, a simular que escribía, porque solo trazaba rayitas torcidas en un folio. Era ridículo contemplar a un hombre de cuarenta y tantos años haciéndose el loco en un parlamento mientras lo llamaban por su nombre. «Pero, señor Galván, estoy intentando hablarle». Nada de nada. El resto del pleno estaba estupefacto. Galván cumplía ya dos minutos con el cuello tieso sin levantar la vista. Sus propios compañeros no sabían qué hacer y tampoco le dirigían la palabra. Por supuesto, Fierro lo machacó como es debido. «Es increíble. Pues bien, con esa actitud grosera, señor Galván, no solo me falta el respeto a mí, sino a toda la Cámara». Todos los grupos aplaudieron largamente a la diputada socialista. Galván estaba pálido. Los diputados se portaron muy bien, la presidenta del Parlamento no tanto. La evidente voluntad de Vox de subir el tono a medida que se acercan las elecciones autonómicas debe ser frenada. Pero ayer Astrid Pérez no abrió la boca siquiera para afearle la conducta a Nicasio Galván por protagonizar la mayor falta de respeto de un diputado a los grupos parlamentarios de la presente legislatura. Ni una mísera llamada al orden. Ni un recuerdo a la cortesía parlamentaria obligada.

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