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Opinión | El recorte

Sociedades imperfectas

Según las conclusiones del informe de Cáritas, las soluciones y alternativas no pueden limitarse a ayudas paliativas individuales o puntuales

Cáritas presenta el informe de la Fundación Foessa sobre exclusión y desarrollo social en Canarias 2025

Cáritas presenta el informe de la Fundación Foessa sobre exclusión y desarrollo social en Canarias 2025 / Andrés Cruz

Es imposible discutir los datos, porque las cifras son las que son. Más de ciento ochenta investigadores de medio centenar de universidades han realizado un informe para Cáritas que en el caso de Canarias recoge una muestra de más de seiscientos hogares. Y la conclusión es que aunque la pobreza severa retrocede, la exclusión social ha aumentado. O lo que es casi lo mismo –casi–, que la clase media está cayendo hacia abajo.

Hasta ahí, poco que decir. Luego, sobre los datos, se construye un discurso político. Y eso sí es opinable. Para Cáritas, dicho por el portavoz de la Fundación Foessa ante una nutrida representación de la Iglesia en Canarias, el modelo económico y social de las Islas está agotado y favorece la desigualdad. Lo que proponen las conclusiones del informe es «construir un nuevo pacto social que ponga a las personas en el centro y refuerce el Estado del Bienestar». Según Thomas Ubrich, portavoz de Foessa, «eso sólo se logrará con una sociedad civil activa, unas instituciones públicas fuertes y una clase política valiente y comprometida capaz de construir consensos a la altura de los desafíos que enfrentamos para que nadie se quede atrás en Canarias».

¿Pero eso, que está dicho en politiqués, qué quiere decir? ¿Objeta, por ejemplo, que en vez de gastar más de dos millones de euros en fichar artistas para que canten en los carnavales de Canarias se destinen a construir viviendas? ¿Propone liquidar el patrimonio inmobiliario de la Iglesia o sus bienes artísticos y repartir el dinero entre los más pobres? Vaya usted a saber.

El informe asegura que un cuarto de la población de Canarias tiene que recurrir a la medicina privada porque la pública no funciona. Considera que la escasez de vivienda produce una desigualdad estructural y que hay más de medio millón de viviendas «inseguras» o no adecuadas, supongo que referido a la temporalidad de los alquileres y la calidad constructiva. Ante esta situación, según las conclusiones del informe, las soluciones y alternativas no pueden limitarse a ayudas paliativas individuales o puntuales, sino que debe regularse el mercado de la vivienda y el empleo, que actúan como «motores de la desigualdad» en Canarias. El problema es que el mercado de la vivienda ya está regulado. Y el del trabajo también. Con lo que parece que se propone una vuelta de tuerca: intervenir el precio de los alquileres y aumentar los salarios ‘manu militari’ con alguna fórmula que se me escapa.

Lo que parece colegirse de las conclusiones elaboradas sobre el estudio es que se proponen soluciones que han sido un fracaso. Porque si bien es cierto que nuestro modelo de libre mercado adolece de gravísimos problemas, el otro, el de más estatalismo e intervención, siempre acaba como el rosario de la aurora. Coja usted un país y póngalo cuarenta años en una sociedad de mercado. Y otro, al lado, con la máxima intervención y regulación. Los dos con los mismos ciudadanos, misma lengua y cultura. Al cabo de casi medio siglo, tire el muro que los separa. Uno será una sociedad imperfecta, pero próspera y el otro será una ruina absoluta y sin libertad. No es un invento. Lo vivimos en el caso de las dos alemanias. Pues nada, otra vez.

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