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Opinión | Miel, limón & vinagre

La inspectora y recadera del depredador

Karyna Shuliak, dentista bielorrusa y última pareja de Jeffrey Epstein, fue la principal heredera de su fortuna, que incluía propiedades, una renta vitalicia y un anillo de compromiso valorado en 1,2 millones de dólares

Karyna Shuliak, odontóloga bielorrusa, fue la última pareja conocida de Jeffrey Epstein, con quien aparece en la imagen, y la mujer a la que el financiero nombró heredera de su fortuna.

Karyna Shuliak, odontóloga bielorrusa, fue la última pareja conocida de Jeffrey Epstein, con quien aparece en la imagen, y la mujer a la que el financiero nombró heredera de su fortuna. / X

Siempre hay alguien que ama al monstruo. Incluso si no es de su familia estrecha, incluso si se ha certificado su culpabilidad en los crímenes más abominables. Hay personas que se enamoran de especímenes capaces de toda violencia cuando ya han sido encerrados en la cárcel. No vayamos a pensar que son almas extraviadas, obnubiladas por la fama, necesitadas de caso y algo enfermas. A Jeffrey Epstein, pederasta traficante de niñas que las ofrecía a hombres poderosos de todo el mundo a cambio de favores e influencia, le amaban profesores universitarios, príncipes y princesas, cineastas, modelos de éxito, empresarios, científicos, filántropos y políticos.

Le amaban después de haber sido condenado a 13 meses de prisión por solicitar los servicios sexuales de una menor. Entre 2005, cuando fue denunciado por varias víctimas y llegó a uno de esos lamentables acuerdos con la fiscalía para una pena mínima, y 2019, cuando se suicidó en la cárcel federal de Manhattan donde permanecía encerrado por otras investigaciones de corrupción de chicas de entre 13 y 15 años, recibió el afecto de la flor y nata de las élites económicas, políticas y culturales. Así el expresidente Bill Clinton, como el creador de Microsoft Bill Gates, que el otro día se dejaba caer por España para departir sobre pobreza infantil; así la futura reina Mette-Marit de Noruega como Andrés de Inglaterra, un espía a lo Austin Powers.

Pero quien más le quiso en el atardecer de sus días, su persona número uno en el listado de contactos de la penitenciaría, es Karyna Shuliak, heredera principal del monstruo. Una mujer que no se prodiga, que vive por debajo del radar en Nueva York y de la que se sabe muy poco. Nacida en Bielorrusia hace 36 años, antes de los 20 contactó con Epstein por correo y a esa edad viajó a Estados Unidos para completar por cuenta del millonario los estudios de odontología, iniciados en la universidad estatal de medicina de Minsk, y graduarse en Columbia en 2015. Según consta en su currículum estudiantil, habla ruso, inglés y francés. Shuliak acompañaba al magnate a todas partes, de hecho se encontraba a su lado cuando fue detenido; en algunas románticas imágenes desclasificadas en la última hornada de documentos aparece bella y sonriente abrazada a él.

Los empleados de los múltiples negocios del financiero la apodaban «La inspectora» porque se ocupaba de gestionar y decorar sus propiedades y de organizar fiestas y selectos encuentros. Asimismo, se encargaba personalmente de agasajar con regalos caros a las amistades de su pareja. The New York Times recoge un asombroso listado de recados efectuados por Karyna Shuliak, desde la compra de un jersey de cachemira para el filósofo Noam Chomsky, a calzoncillos de una marca suiza para Woody Allen, pasando por unas sudaderas personalizadas para Steve Bannon, el estratega de Donald Trump. Cómo no recordar en versión lozana a la delincuente sexual Ghislaine Maxwell, la exnovia y cómplice de Epstein condenada en 2022 a 20 años de cárcel por su papel de conseguidora de carne joven para la trama.

Planes de boda

El gran corruptor tenía planes de boda con la dentista bielorrusa, que fue la última persona que habló con él horas antes de que apareciese ahorcado en su celda el 10 de agosto de 2019, en lo que oficialmente fue determinado como un suicidio. Dos días antes, Jeffrey Epstein firmó y registró en las Islas Vírgenes un pliego de 32 folios con sus últimas voluntades, por el que transfirió su fortuna a un fideicomiso que bautizó Trust 1953 (su año de nacimiento). En este testamento nombró 40 herederos, algunos de los cuales han renunciado. La principal Karyna Shuliak, a quien dejó cien millones de dólares, una renta vitalicia, una casa en Manhattan, un rancho en Nuevo México, un apartamento en París y las dos islas privadas caribeñas Little Saint James y Great Saint James, tristemente célebres por ser donde el magnate organizaba sus orgías con menores. Además, y «en contemplación de matrimonio» le legó un anillo de compromiso valorado en 1,2 millones de dólares, y otros 48 diamantes. A Ghislaine Maxwell y a su hermano Mark les donó solo diez millones. La fortuna de Epstein, calculada en 600 millones a su muerte, se estima hoy en 120 según TNYT por el descuento de impuestos, abogados y pago a las víctimas, y se encuentra además bloqueada con vistas a futuras indemnizaciones que los albaceas ya han ofrecido a la justicia para poder cobrar. Tendrá que esperar un poco la viuda del depredador.

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