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Opinión | Retiro lo escrito

Casimiro con Curbelo

Casimiro Curbelo en la Sala Biblioteca del Parlamento de Canarias antes de la entrevista.

Casimiro Curbelo en la Sala Biblioteca del Parlamento de Canarias antes de la entrevista. / Andrés Gutiérrez

Leo la entrevista con Casimiro Curbelo escrita por Salvador Lachica y no me asombro a no encontrar ni la más triste y macilenta migaja de política. Curbelo cumplirá este año la friolera de treinta y cinco años como presidente del Cabildo de La Gomera. Antes había sido alcalde de San Sebastián y durante este tercio de siglo, además, simultaneó el mando de la corporación insular con la condición de senador o de diputado regional.

Después de ser expulsado del PSOE sacó de la gaveta un partido que ya tenía previsoramente registrado, la Agrupación Socialista Gomera, que al igual que antes, controla todos los municipios de la Isla, salvo uno. Curbelo es el político más exitoso de todo el Archipiélago desde la instauración del régimen autonómico. Ese éxito abrumador y granítico ha sido trivializado y normalizado. Casi se ha convertido en un hecho topográfico. La Gomera es Casimiro y Curbelo es La Gomera. Pues no.

Recuerdo que en los años previos a la última reforma electoral unos señores muy sabios nos explicaban con una altanería un poco ridícula que la bajada de los topes insulares y regionales y el prodigio de la lista regional impediría perpetuidades y mejoraría la calidad democrática. No se ha visto nada semejante, por supuesto. En un par de articulejos expresé mi modestísima opinión. A mi juicio, seguramente errado, deberían introducirse reformas, en el ámbito español y canario, que eran tan necesarias para garantizar calidad democrática e impedir oligarquizar las instituciones representativas como el cambio en los criterios electorales. La primera de las mismas, la limitación de mandatos en el Gobierno autónomo, en el Cabildo y en los ayuntamientos. Lo ideal sería limitar la extensión del cargo a dos legislaturas o dos mandatos, pero podría pensarse en un tercero, si no eran consecutivos. Por supuesto, se me rieron mucho. Las pequeñas reformas electores no asustan a los dirigentes políticos. Primero pueden aplazarlas. Y a continuación, y sin grandes sacrificios, conseguirán adaptarse a las mismas. La limitación de los mandatos, en cambio, tiene efectos terminantes que no pueden burlarse o soslayarse con facilidad.

Treinta y cinco años dirigiendo un gobierno insular con amplias competencias y facultades deviene una anomalía democrática, aunque el sempiterno presidente se someta cada cuatro años a las elecciones. Curbelo no solo dispone del control del Cabildo y de casi todos los ayuntamientos gomeros. Como diría Pedro Sánchez, ha hecho de la necesidad virtud: la ASG sirvió como un expediente para sobrevivir a la excomunión del PSOE pero ha terminado siendo, con sus tres diputados transformados en grupo parlamentario gracias a la generosidad de Ángel Víctor Torres, en un formidable instrumento para ganar más poder, más influencia y más cargos. Antes, cuando era un socialista leal y corriente, Curbelo no podía soñar con designar, por ejemplo, al director del Hospital Nuestra Señora de Guadalupe o a gestionar la empresa pública Gesplan. Pero ahora Curbelo no es parte de un partido, es un partido en sí mismo. Este empoderamiento político, esta ágil transformación en llave para abrir gobiernos o para concederles un extra de comodidad parlamentaria, no solo ha elevado al presidente forever al rango de personalidad política regional, sino que ha reforzado su fortaleza interna en La Gomera y robustecido su red insular de intereses, intermediaciones y favores, gestionada con un férreo paternalismo que mide voto a voto el resultado de sus intervenciones.

Curbelo no sufre ninguna oposición. Sobre los socialistas cae una orden de no tocarle el pelo, la izquierda es ignorada y a veces maltratada, Coalición Canaria casi no existe.

Y como suele ocurrir con esta tipología de líderes políticos Curbelo, como en la citada entrevista, casi no habla de política. Como un sabio patriarca, preocupado y generoso, habla de superar las divisiones, de mejorar el diálogo, de negociar con buen rollo, de luchar únicamente por los ciudadanos, nunca por las siglas. Como hace Casimiro con Curbelo en La Gomera desde hace 35 años.

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