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Opinión | Análisis

Pedro Afonso

Cumplir

El presidente de CEOE-Tenerife, Pedro Alfonso.

El presidente de CEOE-Tenerife, Pedro Alfonso. / Andrés Gutiérrez

El pasado 22 de enero se celebró la asamblea electoral en CEOE-Tenerife bajo el lema «orgullo de pertenencia» y fuimos reelegidos un equipo de empresarios comprometidos, por lo que he sentido la necesidad de dar las gracias, a modo de explicación de la forma de trabajar hasta ahora y que seguirá siendo el modelo para próximas elecciones.

Con el paso del tiempo uno entiende que liderar no es ocupar un espacio. Es sostenerlo.

No se trata de estar.

Se trata de responder.

Durante años he pensado que el liderazgo tenía que ver con la capacidad de decisión, con la visión, con la estrategia. Hoy creo que todo eso es secundario frente a algo más sencillo y más exigente: cumplir.

Cumplir con lo que se recibe.

Cumplir con la responsabilidad asumida.

Cumplir con la confianza depositada.

Nada más. Y nada menos.

En nuestra organización siempre hemos defendido un estándar claro: nadie puede conformarse con un seis suficiente. El nivel tiene que ser alto de manera constante. No por obsesión, sino por respeto.

Las instituciones son frágiles.

La reputación no se erosiona poco a poco; a veces se quiebra de golpe.

Y reconstruir cuesta mucho más que mantener.

Por eso la exigencia no es un gesto de dureza. Es una forma de cuidado.

También hemos creído siempre en la destrucción creativa. Nada es permanente. Nada es intocable. Todo puede mejorarse.

Eso incluye procesos.

Incluye estructuras.

E incluye, por supuesto, a quienes dirigen.

Los cargos no son propiedad. Son encargos temporales.

Cuando llegue nuestro relevo –porque siempre llega– la institución deberá continuar. Será distinta. Nunca igual.

Quizá mejor. Y eso está bien.

Si la semilla que unos plantaron ayuda a sostener el futuro, será motivo de satisfacción.

Si surge una nueva semilla que transforme lo anterior, también será señal de vida.

Lo importante es que la institución siga siendo útil.

Con los años hemos aprendido que liderar no consiste en que te lean informes que ya has leído. Consiste en hacer preguntas.

Preguntar obliga a pensar.

Pensar obliga a asumir responsabilidad.

Y asumir responsabilidad fortalece a la organización.

Un equipo que piensa es el verdadero patrimonio de cualquier institución.

No aspiramos a reconocimientos.

Nunca ha sido el objetivo.

Si al final de esta etapa alguien puede decir simplemente «cumplieron», será suficiente.

Que todo lo que recibimos lo devolvimos con creces.

Que fortalecimos lo que nos fue confiado.

Que dejamos una cultura de exigencia, responsabilidad y mejora constante.

Las personas pasamos.

Las instituciones permanecen.

Y si algo merece la pena en el liderazgo es haber contribuido, con serenidad, a que esa permanencia sea más sólida.

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