Opinión | Punto de vista
José Miguel González Hernández
Los dos lados del mostrador

Yolanda Díaz: "La subida del SMI no destruye empleo, destruye pobreza"
Teniendo en cuenta un análisis meramente económico, la reciente actualización del Salario Mínimo Interprofesional (SMI) en España, que lo sitúa en 1.221 euros brutos mensuales en 14 pagas, con efectos retroactivos desde el 1 de enero de 2026, ha reabierto un debate que trasciende la mejora inmediata en la nómina de la población trabajadora con menores ingresos. Hay que resaltar que el SMI no es solo una referencia salarial, sino que se convierte en un instrumento de política pública que influye directamente en la estructura de costes empresariales, así como en los procesos de distribución de la renta y en la competitividad del conjunto del tejido productivo. Es decir, dependiendo del lado del mostrador que nos toque ocupar, nos parecerá una buena o una mala noticia.
La motivación declarada de las sucesivas subidas del salario mínimo en los últimos años ha sido aproximarlo al 60 % del salario medio nacional, una referencia utilizada habitualmente para evaluar la suficiencia salarial y el riesgo de pobreza laboral. Bajo esta lógica, el incremento del SMI pretende garantizar que quienes ocupan empleos de menor remuneración mantengan un nivel de ingresos relativamente alineado con el conjunto de la economía.
Desde la perspectiva laboral, el impacto de esta política es evidente. Un mayor salario mínimo eleva el ingreso bruto mensual, aunque, si no se modula su tributación, el efecto sobre el salario neto disponible se limita. Para los hogares con menor renta, este efecto puede suponer una mejora directa del poder adquisitivo y una mayor capacidad para cubrir gastos básicos. En términos sociales, el aumento contribuye a reducir la desigualdad en la base de la distribución salarial y actúa como un mecanismo de protección frente a situaciones de mayor precariedad. Además, el incremento del SMI puede tener efectos indirectos sobre la demanda interna, dado que las rentas bajas tienden a destinar una mayor proporción de sus ingresos al consumo. Este comportamiento puede generar un estímulo adicional en sectores como el comercio minorista o determinados servicios personales, impulsando la actividad económica a corto plazo.
Sin embargo, cualquier análisis debe contemplar simultáneamente la óptica empresarial porque la cuantía del SMI no es inocua. Tengamos en cuenta que, al mismo tiempo que es renta destinada a la retribución, es un coste para la empresa. Elevarlo implica aumentar de forma automática el umbral mínimo de costes laborales, incluyendo no solo el salario base, sino también cotizaciones sociales y otros conceptos vinculados. Esta subida se traduce en una presión directa sobre los márgenes, especialmente en sectores intensivos en mano de obra. Aquí entra en juego un concepto económico fundamental: el coste laboral unitario, que relaciona el salario con la productividad, que no es otra cosa que lo que hacemos o la responsabilidad que adoptamos y por ello nos pagan. Sabiendo esto, si el salario por trabajador aumenta al mismo ritmo que la producción generada por ese trabajador, el coste por unidad producida se mantiene estable y la empresa puede absorber el incremento sin perder competitividad. Pero cuando los salarios crecen por encima de la productividad, el coste unitario se encarece y, en ese escenario, las empresas se enfrentan a un dilema que oscila entre reducir beneficios, trasladar el aumento a precios afectando a la demanda o ajustar el empleo.
Esta tensión es especialmente relevante en actividades con baja productividad o escaso valor añadido, donde los márgenes son reducidos y la capacidad para absorber incrementos salariales es limitada. De hecho, un aumento significativo del coste laboral puede erosionar la rentabilidad o dificultar la supervivencia de determinadas unidades de negocio.
Además, el efecto del SMI no se limita a quienes cobran exactamente esa cuantía. Con frecuencia se produce un efecto de arrastre sobre categorías salariales próximas, ya que las empresas intentan mantener diferenciales retributivos internos. Como resultado, el impacto total sobre la masa salarial puede ser superior al inicialmente previsto, ampliando la presión sobre los costes y afectando a la totalidad de los procesos de negociación colectiva. Ante este hecho, desde una perspectiva más estratégica, la subida del salario mínimo también puede interpretarse como un incentivo a la modernización. Ante mayores costes laborales, algunas empresas pueden optar por invertir en digitalización, reorganización de procesos o formación para elevar la productividad. Este ajuste puede favorecer una transición hacia modelos productivos más eficientes y menos dependientes de salarios bajos, teniendo en cuenta que esta adaptación requiere capital, tiempo y capacidad de gestión.
El análisis territorial añade una dimensión adicional al debate. La referencia del 60 % del salario medio nacional no se traduce de manera homogénea en todas las comunidades autónomas. En regiones con salarios medios más bajos, el peso relativo del SMI es mayor. Es el caso de Canarias, donde el salario mínimo ya alcanza aproximadamente el 75 % del salario medio regional. Esto implica que el umbral mínimo representa una proporción mucho más elevada del mercado salarial local que en otras zonas del país. Esta situación puede generar efectos diferenciados. En territorios donde el SMI se aproxima excesivamente al salario medio, se comprime la estructura salarial y se reduce el margen de diferenciación entre categorías, convirtiendo al salario mínimo en el salario modal de forma que la buena noticia esconde una inapropiada realidad. Para las empresas, el ajuste de costes puede ser más intenso, especialmente en economías con fuerte presencia de sectores de baja productividad o marcada estacionalidad. Para la población trabajadora, si bien el aumento del mínimo mejora la renta de quienes están en la base, también puede dificultar la creación de empleo si las empresas perciben que el coste de nuevas contrataciones supera su capacidad productiva.
Pero, en este tema concreto, debe introducirse en el debate un componente institucional y social relevante, como es la falta de consenso entre el Gobierno central y los distintos agentes económicos. Las decisiones sobre el salario mínimo suelen enfrentar posturas divergentes entre Gobierno, sindicatos y organizaciones empresariales. Cuando las subidas se aprueban sin un acuerdo amplio, aumenta la percepción de incertidumbre regulatoria y se dificulta la planificación empresarial. La previsibilidad y la estabilidad normativa son factores clave para la inversión, y su ausencia puede afectar negativamente al clima económico. Desde la óptica laboral también existen riesgos. Algunas empresas pueden intentar compensar la subida reduciendo horas contratadas, limitando complementos o moderando nuevas incorporaciones. Si estas estrategias se generalizan, parte del beneficio salarial podría verse neutralizado por menores oportunidades de empleo o peores condiciones contractuales.
Entonces, ¿qué hacemos?, ¿en qué bando nos debemos poner? Asumamos que la revalorización acontecida encierra una doble naturaleza. Por un lado, mejora los ingresos de las familias trabajadoras con salarios más bajos y refuerza la protección social. Pero, por otro, incrementa los costes empresariales y puede tensionar la competitividad si no va acompañado de aumentos de productividad. La clave del equilibrio reside precisamente en esa relación. El debate, por tanto, no debería centrarse únicamente en la cifra del salario mínimo, sino en cómo articular políticas complementarias de formación, innovación, digitalización y modernización empresarial, junto con el innegable diálogo social, que permita que el crecimiento salarial descanse sobre una base productiva sólida. Solo así se evitará que el aumento de costes erosione la competitividad y se garantizará que las mejoras retributivas sean duraderas y compatibles con la creación de empleo. De lo contrario, si jugamos al ojo por ojo, al final todos tuertos.
- La Lotería Nacional reparte suerte en Tenerife: primer y segundo premio en diferentes municipios
- Santa Cruz de Tenerife planea una guagua ‘ascensor’ que una los barrios del Suroeste
- El Vaticano inspecciona en Tenerife el puerto donde finalizará el viaje del Papa a España
- Otro drago de gran tamaño se desploma en Tenerife tras las lluvias, esta vez en Icod de los Vinos
- Multas de 200 euros y pérdida de 4 puntos: la Guardia Civil vigila a los conductores tinerfeños por este gesto habitual hacia los peatones
- La Aemet prevé que la lluvia y las heladas sigan afectando a Tenerife este jueves
- CD Tenerife - CD Lugo: fecha, horario y cómo ver el partido por TV y online
- La Aemet anuncia lluvias moderadas en el norte de Tenerife este viernes