Opinión | Azul y blanco
Hombre rico, hombre…

Andrés Mountbatten Windsor sale de comisaría 11 horas después de su detención
Como dice la canción, tres cosas hay en la vida: salud, dinero y amor. Ciertamente que esas tres patas de la banqueta son importantísimas. Pero si una pata es más alta que otra, el asiento se tambalea. Y podemos caer.
Salud y dinero en grado supino es lo que tenía Epstein; el magnate americano de perfil psicológico monstruoso. Era, según relatan los tantos informes que hay de él, un masoquista amante de la tortura hasta extremos fatales.
Gustoso de rodearse de los poderosos del planeta, por su isla de los horrores pasaron políticos y personas destacadas de la jet-set americana y europea. Ahora, el hijo de la Reina británica Isabel II, el príncipe Andrés, hermano de Carlos III del Reino Unido, ha sido recientemente detenido por «comportamiento inapropiado de un cargo público». Se sabe, además, que está involucrado en la basura de Epstein: baste la pose en una foto con un menor.
Epstein tenía el plan milimétricamente diseñado. Los ilustres visitantes se trasladaban a la isla en su jet privado: expresidentes de Norteamérica y de Europa, ricos magnates de medios digitales y representantes o descendientes de casas reales bien conocidas, además de la ya mencionada, entre otros.
En principio, es de suponer que aceptaban la invitación con expectación. Después, ya en la isla, sabiendo lo que había, la extorsión y la amenaza hacían el resto. ¿Qué explicación podría darse al regreso de lo vivido y/o presenciado ante la opinión pública? Todos optaron por callar. Los depravados de entrada, de inmediato, le cogían el gusto.
En España las cosas se hicieron diferente; sin tanto glamour. Sin embargo, el índice de efectividad era el mismo. D. Sabiniano montó por Madrid varios locales de saunas, a los que nominó de forma romántica y evocadora. Quien entraba, sabía a lo que iba. Y pagaba.
Los locales fueron dotados de cámaras que grababan todo lo que hacían aquellas personas (relaciones sexuales) que así lo merecieran por su capacidad de influencia en todo ámbito social de España: político, jurídico, económico, empresarial, religioso, deportivo, civil, militar, etc. Las grabaciones, verdaderos notarios documentales, permanecían yacentes… hasta que se necesitaran para el fin correspondiente (acallar, doblegar, petición de favores, escalar socialmente).
El poder de Sabiniano, suegro de Pedro Sánchez, era grande, el que emana del chantaje. No desembolsaba dinero: lo recibía. Los archivos no eran escritos, sino imágenes. No captaba a nadie: los chantajeados entraban voluntariamente al local elegido.
Por este motivo, tan sencillo, muchos callan frente a las tropelías del «jefe», del «p…» amo. Quien podría revelarse, está agarrado por sus gónadas.
Ya en Canarias, pequeño terruño, todos estamos/están vigilados: dentro de los propios partidos; en el seno de los gobiernos que surjan. Nadie habla de nada: ni de la corrupción, ni de comportamientos reprobables. Será que todos nuestros políticos gozan de una conducta intachable (hipótesis) o todos disponen de documentos comprometedores de todos (tesis).
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