Opinión | Retiro lo escrito
Degradación democrática

El portavoz de ERC en el Congreso, Gabriel Rufián, durante un diálogo sobre el futuro de la izquierda alternativa, en la sala Galileo Galilei, a 18 de febrero de 2026, en Madrid (España). / Eduardo Parra - Europa Press
Desde el chiquero azul tronaba Grande Marlaska amenazando con querellas no se sabe a quién. Tenía el aspecto y mostraba la retórica de un madero de los años setenta que se te acercaba para decirte que o te mandabas a mudar o te abría la cabeza. Esa mirada cargada de desprecio y ese tono amedrentador. Basta con rebobinar unos minutos. El ministro del Interior estaba en el Congreso de los Diputados para explicar que José Ángel González ya no era director adjunto operativo de la Policía Nacional: el segundo en la jerarquía del cuerpo. Contra el DAO se había interpuesto hace varias semanas una denuncia por una agente de policía, a quien presuntamente había acosado durante mucho tiempo –presiones, amenazas veladas, llamadas telefónicas, promesas– para finalmente violarla o violentarla en el apartamento oficial del número dos de la Policía Nacional. Este sujeto, afirmaban ayer fuentes policiales y sindicales en varios medios de comunicación, era un picha brava que no tenía tiempo para subirse la bragueta. Una vez publicada esta gravísima marranada, Grande Marlaska había comparecido en el Congreso para explicar supuestamente lo ocurrido y asegurar que se había destituido a José Ángel González. Ni siquiera esto era cierto: el ministro se había quedado inmóvil mientras González dimitía «para no empañar el prestigio de la Policía Nacional» y de paso no perder su pensión como comisario.
Uno de los rasgos de la cultura de izquierdas que ha arrasado el sanchismo es la necesidad perentoria de asumir responsabilidades políticas. Entiéndase bien: la exigencia de responsabilidades políticas de las autoridades por un grave quebranto moral o por la comisión de irregularidades o delitos de los subordinados representa un principio democrático que afecta a todas las fuerzas políticas, pero la izquierda en su momento la convirtió en bandera. Ya no es así y, lo que es más importante, ya no volverá a ser así nunca. La praxis política del sanchismo niega la responsabilidad política de los altos cargos. Sánchez nombró secretario de Organización y ministro a José Luis Ábalos pero nada tiene que ver con las tropelías que comentó utilizando ambas poltronas. Lo mismo ocurre con Santos Cerdán, sucesor del anterior. Ni Óscar Puente ni ninguno de sus secretarios de Estado o directores generales asumen responsabilidad política alguna por la muerte en accidente ferroviario de 47 ciudadanos. Es más: Puente se encarama en la tribuna de oradores y asegura que es muy bueno en su trabajo y el Ministerio marcha estupendamente cuando se acaba de enterrar a los 47 fallecidos. Es obsceno y repugnante, pero creo, sinceramente, que el ministro no se da cuenta, ni quiere ni puede darse cuenta. Solo protege su mezquino narcisismo y su carrera política, sin la cual apenas sería un picapleitos de medio pelo. Lo mismo ocurre con Grande Marlaska, que designó a González como DAO en 2018. Son más de siete años compartiendo reuniones de trabajo, viajando juntos, preparando intervenciones públicas, intercambiando información reservada, asesorando uno al otro. Es completamente inverosímil que Grande Marlaska no escuchara los comentarios sobre la carrera rijosa del DAO. Quizás el ministro apreció más su valor profesional que cualquier chismografía. Por supuesto, pueden encontrarse peores opciones. En Interior han mejorado a Transportes, porque su titular ha endosado a la víctima su decisión de dimitir o no. Si la policía no se queja; él se queda. Es muy difícil encontrar una canallada similar en una democracia europea. Sabe, listillo, esto es muy fácil. Si lo sabía debe dimitir. Si no lo sabía debe dimitir.
En el acto celebrado en Madrid Gabriel Rufián, portavoz de ERC en la Cámara Baja y ahora coleguita mesiánico de todas las izquierdas, confesó que tiene miedo por la llegada de la ultraderecha al poder en 2027. Es Pedro Sánchez quien le ha abierto las puertas, quien la corteja a diario, quien la invita al ágape, quien ha naturalizado actitudes, comportamientos y retóricas que pervierten un régimen democrático y erosionan su legitimidad y que las derechas utilizarán enseguida sin ambages ni reparos. n
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