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Opinión | Retiro lo escrito

Miserias escolares

Un grupo de alumnos durante una clase en un colegio de Tenerife

Un grupo de alumnos durante una clase en un colegio de Tenerife / Arturo Jiménez

Muchas no tan pequeñas catástrofes de la gestión pública son incomprensibles porque bastaría para solucionarlas con ampliar una partida presupuestaria e imprimir una voluntad política no particularmente heroica. Un ejemplo: solo un 35% de los alumnos canarios de educación primaria, ESO y FP básica reciben ayuda para el material didáctico (libros y material escolar) frente a la media española del 76%. Uno intuye que no se valora como se merece un dato tan raquítico. Inmediatamente aparecen los misioneros de la tablet, los programas, las redes y el buen googlear. Son una peste para la que los libros, los cuadernos, los apuntes y los bolígrafos caben todos en el ordenata. Basta con que cada alumno cargue el suyo y basta. Y no puede bastar. En realidad no los sabemos porque actualmente, en las aulas, no se realiza ningún seguimiento evaluativo de las aptitudes de los alumnos en el uso del ordenador como herramienta formativa. Ninguno. Simplemente porque la edad media del profesorado en Primaria y ESO supera ampliamente los treinta años. Los docentes ni se educaron ni se incluyeron seriamente en su formación pedagógica los conocimientos y destrezas suficientes para optimizar ese seguimiento. Es así como –con excepciones– la comunidad educativa en esos niveles actúa fundamentalmente de manera intuitiva y aproximativa.

Sigue siendo una buena combinatoria el doble uso de los materiales educativos tradicionales y el del ordenador y todas las posibilidades informáticas y digitales. En cualquier página (o web) sobre esta materia se indica los beneficios del material didáctico: ofrecen mayor autonomía a los estudiantes durante el aprendizaje, mejorando su capacidad para el orden, la disciplina y la planificación; promueven el aprendizaje lúdico, divirtiéndose y metabolizando conocimientos y prácticas; y estimulan la motivación de los estudiantes. Que en Canarias las ayudas económicas a los estudiantes para la adquisición de material didáctico –sea impreso o digital– solo llegue a beneficiar a uno de cada tres alumnos es, por tanto, singularmente preocupante. El salario medio en Canarias apenas llega a los 1.800 euros mensuales, por no hablar de una tasa de desempleo que pese a su descenso en los últimos años todavía está en el 12% de la población activa. Es descartable, por tanto, que el 66% de los alumnos isleños pueda prescindir tranquilamente de cualquier ayuda de la Consejería de Educación para disponer de los suficientes materiales didácticos. Incluso en lo que se refiere a ordenadores o tablets, y pese a ser obligatorio en la práctica contar con uno u otra en la ESO, únicamente un 63% de los pibes y pibas pueden hacerlo. Los otros se las arreglan pidiendo el portátil a familiares, amigos o compañeros de clase.

Simplemente la situación no puede continuar. Canarias ha realizado un esfuerzo económico importante y continuado en la última década. En las islas ya se puede desgravar la compra de libros de texto y de material escolar: el Gobierno autónomo debería admitir la desgravación del 100% de estos gastos en Primaria y Secundaria, como es obvio con una cifra máxima. El objetivo final, pero no aplazable infinitamente en el tiempo, es la gratuidad de libros y material didáctico hasta la finalización de la Educación Secundaria Obligatoria al menos. No es posible alcanzar una buena oferta educativa y mejorar los resultados docentes simplemente contratando profesores. Se necesitan otros recursos para una acción docente efectiva y eficaz. Gregorio Luri suele decir que basta con visitar el domicilio de un menor para saber si fracasará o tendrá éxito en el sistema escolar. Basta con observar algunas cosas. La primera, que el domicilio del pibe sea un hogar donde encuentre reconocimiento y amor, disciplina y apoyo. Y la segunda que puedan verse en esa casa libros en las paredes y en las habitaciones ordenadores funcionales y conexión a internet. Si es así el alumno tendrá las condiciones para salir adelante. Si no, lo que encontrará será algo parecido a lo que sufrimos ahora.

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