Opinión | El recorte
Expulsadas por judías

El Reina Sofía estrena sus colecciones con una visión distinta del arte contemporáneo
El Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía es una institución pública española dependiente del Ministerio de Cultura que dirige Ernest Urtasun. Debe ser por eso que tiene una enorme enorme afinidad con algunas banderas y un profundo rechazo por otras. Por ejemplo, exhibió en su fachada la bandera de Palestina –pese a no ser un estado– dentro de un ciclo dedicado a ese territorio y denominado «Desde el río hasta el mar». Es una frase estupenda que, entre otros, ha usado el grupo terrorista Hamás en el sentido de propugnar la desaparición del Estado de Israel. A nadie le indignó que un centro público hiciera ese homenaje a la causa palestina.
El caso es que dos mujeres han sido enérgicamente expulsadas del museo porque una de ellas llevaba una banderita de Israel y la otra un collar con la estrella de David, que es un signo de identidad de los judíos. Un símbolo bastante popularizado por un nacional socialista llamado Hitler. Su régimen revolucionario decidió marcar a los judíos como al ganado, con esa estrella en la ropa. Quería tenerlos identificados para que posteriormente fueran trasladados a campos de exterminio donde serían asesinados más de seis millones de seres humanos que tenían ese símbolo cosido en el alma.
Los nazis brindarían hoy con champán. La estrella de David se ha convertido en un símbolo odiado por la izquierda europea, que ha tomado partido por el pueblo palestino. Los judíos y los palestinos se llevan matando desde mediados del siglo pasado. Y para la gente progre, la vida es una película de buenos y malos. Con el paso de los años han decidido que los buenos son los árabes y los malos los israelitas. Y da igual que Israel sea la única democracia de Oriente Medio. El único lugar donde no se persigue al colectivo LGTBI. Un pequeño país rodeado por todas partes de musulmanes, que quieren exterminarlos.
En el Museo Reina Sofía –soy testigo– ha entrado un joven con un pañuelo palestino al cuello. Nadie se acercó para decirle que no se podían llevar símbolos políticos en un centro cultural público. Así que debe deducirse que se pueden llevar o no en función de las afinidades políticas de quienes lo dirigen. O sea, de Urtasun. Las mujeres judías fueron fulminantemente expulsadas por llevar la pequeña bandera de Israel y la estrella de David. Y alguien, seguramente, se sintió satisfecho, completo y feliz por haber hecho la heroicidad del día. Dos puñeteras judías a la calle. Para que sientan el odio y el rechazo que se siente en España por ellos. De hecho ya los expulsamos a todos una vez por no ser cristianos.
El ejército de Israel cometió una salvajada en Gaza. Lo hemos denunciado porque negarlo sería de una ceguera antológica. Pero Hamás invadió Israel y mató a mil y pico personas, además de secuestrar a más de un centenar, que en gran parte murió en cautiverio. A ningún visitante le expulsarían del Reina Sofía por llevar en la espalda o en la solapa una bandera rusa. Y sin embargo Vladimir Putin está causando una carnicería en Ucrania y bombardeando impunemente objetivos civiles. Esa extraña vara de medir, tan elástica y asimétrica, es una de las cosas que más me repugnan de nuestro virtuoso progresismo.
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