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Opinión | Interior

Marlaska reclama la presunción de ignorancia

El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska.

El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska. / José Luis Roca

La mayor humillación del martes no fue contemplar al único presidente legítimo del Gobierno desfilando como un recluta ante su insultante predecesor, sino asistir a la ceremonia del ministerio Marlaska interrumpiendo ‘La noche en 24h’ de RTVE. Aportaba el dictamen risible de que el ministro se había enterado a la vez que todos los españoles de la presunta violación de una subordinada a cargo del jefe de la Policía.

Sería muy grave que conociera los hechos, pero insoportable que no estuviera al tanto. Willy Brandt dimite porque su secretario era un espía comunista, Keir Starmer se tambalea porque su embajador en Washington intimó con Jeffrey Epstein.

Marlaska no goza de la presunción de ignorancia. Un juez sabe mejor que nadie que anunciar acciones penales a diestro y siniestro es el primer indicio de culpabilidad. El ministro del Interior debería querellarse en realidad contra quien insinúe que no sabía nada, que ha protagonizado una dejación de funciones sobre los presuntos delitos de sus inmediatos inferiores. La bizarra propuesta de someter su continuidad en Interior a la opinión de la víctima de la presunta agresión sexual vuelve a degradar al conjunto de la población, como la sumisión de Sánchez a González del pasado martes. Un miembro del Gobierno no pende de un ciudadano, por agraviado que resulte, sino de la olvidada voluntad popular. Quién puede creer hoy que los dirigentes policiales fueron diligentes en violencia de género.

El DAO de la Policía aún puede ser inocente, su ministro ya es culpable, por el absentismo laboral de no haberse enterado de un año de supuestas presiones para comprar el silencio de la víctima. Como mínimo, es un ministro superfluo, su próximo shock puede venir al enterarse de que el personal a sus órdenes va armado. Y dada su propensión a la ignorancia, Marlaska ni siquiera puede confirmar que solo hay un caso candente y pendiente en la cúpula de su ministerio.

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