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Opinión | RETIRO LO ESCRITO

La izquierda, sarsaleando

La última variación de esta broma es la propuesta de Gabriel Rufían de encabezar electoralmente una confederación de izquierdas grandes, medianas y pequeñas “para evitar que el fascismo llegue al poder”

Rufián.

Rufián.

Siempre es así, pero ahora, en el horizonte las elecciones autonómicas y locales y avizorándose un giro derechista del electorado, el acostumbrado espectáculo de las izquierdas intentando sobrevivirse se intensifica, cada vez más grotescamente. Mientras suena achatarrada la Novena Sinfonía de Beethoven las izquierdas corren de un rincón a otro, como pollos sin cabeza, excomulgándose mutuamente mientras invocan el sagrado principio de la unidad. En una serie más repetida que Verano azul, un reel de Tik Tok que dura décadas, un exorcismo que ignora que ya ni el diablo se interesa por el maldito. La última variación de esta broma es la propuesta de Gabriel Rufían de encabezar electoralmente una confederación de izquierdas grandes, medianas y pequeñas “para evitar que el fascismo llegue al poder”. Lo más interesante de esta imbecilidad es que solo está expresada en términos electorales, prácticamente cuantitativos. No he encontrado absolutamente ninguna referencia sobre –digamos – el perfil programático básico de esa lista unitaria. Pero seamos justos, ¿cómo la podría tener? Rufián es dirigente y diputado de un partido que ha intentado – y lo seguirá haciendo pues es su objetivo fundacional – desmembrar el Estado español. Incluso encabezó una insurrección que pretendía abolir la Constitución y el Estatuto de Autonomía de Cataluña.

Por poco no acabó procesado y condenado por el Tribunal Supremo, como le ocurrió al presidente y a otros gerifaltes de ERC. ¿Las izquierdas son tan necias como para olvidar esto? ¿Lo mejor para detener el crecimiento de la ultraderecha es suscribir un acuerdo electoral con una fuerza política que se ciscó en el orden constitucional? ¿Lo más útil para garantizar la cohesión social y la supervivencia del Estado de Bienestar es aceptar y apoyar la candidatura mesiánica del mejor parlanchín de quienes pretenden modificar la financiación autonómica para que Cataluña pueda disfrutar de un cupo muy similar al vasco? Que simplemente se comente y debata la propuesta de propuesta del portavoz de ERC en el Congreso de los Diputados es una señal inequívoca de la extrema debilidad política, estratégica y analítica de la izquierda española en su hora más crítica desde los años setenta.

Hace casi un año apareció por nuestras ínsulas baratarias una encuesta creativa que auguraba una “mayoría absoluta progresista” si se presentaba una candidatura única de las izquierdas. Estos farsantes tuercebotas, siempre bien intencionados, hacían unas cuentas muy facilitas. El PSOE sacaría entre 26 y 27 escaños – básicamente por la atracción fatal que despierta Ángel Víctor Torres entre los ciudadanos – y la izquierda unida jamás será vencida entre nueve y diez y listo. De esta fantasía nunca más se supo porque no se la creyeron ni los supuestos beneficiarios de la encuesta falsaria. Porque, entre otras variables, una coalición electoral jamás es la suma (ni en votos ni en representantes) de los que han obtenido previamente sus socios por separado.

Más a menudo expresa finalmente una resta. Por lo demás, la izquierda del PSOE jamás ha cosechado una decena de diputados. Tampoco se ha sabido más de la supuesta alianza que se estaría negociando entre Nueva Canarias y Podemos, un acercamiento bastante sorprendente. Podemos es una fuerza mucho más a la izquierda que la razonablemente socialdemócrata NC y en su día no apoyó ni el nuevo Estatuto de Autonomía ni la reforma del REF, dos asuntos especialmente sensibles para un partido dizque nacionalista. Por lo demás Podemos – al igual que Si se Puede – está completamente desarticulado y exánime en Canarias y con una presencia institucional insignificante. Si estará catatónica esta izquierda que hasta Rubens Ascanio ha renunciado al acta de concejal de La Laguna como el experimentado lechero abandona a una vaca que no da más de sí. Ascanio ha montado una consultoría de comunicación. Podría asesorar a Alberto Rodríguez para montar ese sumatorio de fuerzas soberanistas y sanar Canarias como un curandero sabio y dolorido, ay miniño, ese mal de ojo te lo hizo Clavijo. Le recomiendo que le cobre antes.

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