Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión | Análisis

Pedro Afonso

Canarias: mantener lo construido o perderlo todo

El progreso no consiste en inaugurar más, sino en sostener mejor. No en gastar más, sino en gastar bien. No en resistirse al cambio por miedo al coste, sino en gestionar el coste para que el cambio sea posible.

Dependencias del Hospital del Sur sin terminar

Dependencias del Hospital del Sur sin terminar / Carsten W. Lauritsen

Las infraestructuras se vuelven obsoletas. Es una realidad incuestionable. No porque nazcan mal, sino porque no se actualizan, no se mantienen y no se gobiernan con visión de largo plazo. La obsolescencia no es sólo técnica; es, sobre todo, política y presupuestaria.

Adán Martín, expresidente del Gobierno de Canarias, lo expresó con una lucidez que hoy resulta casi incómoda: «No me preocupa crear hospitales, me preocupa el gasto presupuestario que hay que tener para mantenerlos». En esa frase hay más política útil que en muchos discursos llenos de promesas. Porque construir es relativamente fácil; sostener en el tiempo es lo verdaderamente complejo.

Canarias no puede permitirse morir como el falso rico. Ese que un día tuvo un golpe de suerte, compró una buena casa, un buen piso, y terminó perdiéndolo todo porque el mantenimiento estaba por encima de sus posibilidades reales. No por falta de ambición, sino por falta de realismo. Eso mismo ocurre cuando se confunde progreso con acumulación de infraestructuras sin un plan serio de sostenibilidad.

Nuestro Archipiélago tiene posibilidades. Muchas. Pero también tiene límites. Y madurar políticamente significa asumir que no se puede hacer todo, al mismo tiempo, y sin priorizar. Canarias está ante una elección clara: avanzar o resistirse al cambio. Progreso o parálisis. Y ese paso hacia el progreso exige algo más que voluntad: exige decisiones incómodas, planificación rigurosa y ejecución responsable.

Ahora bien, Canarias no puede hacerlo sola. Pretenderlo sería ingenuo y profundamente injusto. Necesitamos una Unión Europea sensible a nuestra condición ultraperiférica, que entienda que la cohesión no es caridad, sino inteligencia estratégica. Y necesitamos una España eficiente y sensible con nuestras diferencias, capaz de transformar recursos en resultados, presupuesto en servicios, inversión en bienestar real.

Aquí aparece el verdadero desafío: ¿cómo se construye ese polinomio imprescindible de recursos, planificación y ejecución presupuestaria?

Primero, asumiendo que los recursos no son infinitos y que cada euro debe responder a una prioridad clara. Segundo, planificando a medio y largo plazo, huyendo del cortoplacismo electoral que inaugura edificios pero olvida su mantenimiento. Y tercero, ejecutando con rigor, evaluando resultados y corrigiendo desviaciones, sin miedo a reconocer errores.

El progreso no consiste en inaugurar más, sino en sostener mejor. No en gastar más, sino en gastar bien. No en resistirse al cambio por miedo al coste, sino en gestionar el coste para que el cambio sea posible.

Canarias no necesita más discursos grandilocuentes. Necesita una estrategia compartida, honesta y exigente. Porque el verdadero fracaso no es no construir; es construir sin poder mantener. Y eso, a estas alturas, ya no nos lo podemos permitir.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents