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Opinión

Hugo Luengo

Estado sin interés general

Felipe González, durante su intervención en el Foro Guadaliuris.

Felipe González, durante su intervención en el Foro Guadaliuris. / EP

La pérdida de seriedad de la política en España, ajena al compromiso y al rigor, ha ocasionado el alejamiento de su sociedad civil. Cuya distancia, tanto política como territorial, lo es de nuestra Constitución del 78, que nos asegura el interés general, desde el gobierno que suponíamos socialdemócrata. Felipe González, va a votar en blanco, divorciándose del sanchismo. Critica nuevamente la posición actual del PSOE, incapaz de formular un proyecto de mayorías, un proyecto que sirva a España y a los españoles, que se haga cargo del estado de ánimo de la gente. Precisa sus límites en la imposibilidad de pactar con la ETA-BILDU, cuya política de excarcelaciones con terceros grados está sostenida en las transferencias penitenciarias, que gestiona desde el Gobierno Vasco la consejera de Justicia del Partido Socialista de Euskadi, María Jasús San José. Felipe González quedó escandalizado con los terceros grados últimos del exjefe de ETA Txeroki y del asesino de José Luis López Lacalle, articulista de El Mundo en el año 2000, Peio. Aún quedan 379 crímenes de ETA sin resolver ni investigar.

Las gestiones últimas del interés general por el Estado trasladan el desánimo de la ciudadanía, cuya escenificación pudimos ver en el Polideportivo de Huelva, en la misa de difuntos por los 46 de la tragedia de Adamuz. El ciudadano medio salva a los cuerpos de seguridad del Estado, a la Jefatura del Estado, y a la Justicia sin okupar, es la representación que nos queda. Y celebraron sus almas desde la identidad de sus creencias católicas, negando la ceremonia woke que les ofrecía el estado sanchista.

Esta indiferencia de la sociedad civil viene arrastrada desde el proceso de la Constitución 78, donde se produjeron dos hechos, primar a los partidos políticos con estructuras de poder no democráticas y al tiempo a las minorías nacionalistas desde el sistema electoral, sin mínimos estatales electorales. Como al dejar abierto desde el Título VIII el régimen competencial, el equilibrio de poderes luego de cada elección se somete a subasta entre autonomías desleales catalana y vasca. Con extorsiones competenciales, como con la gestión desigual del cupo vasco, que a cada vuelta encarece recursos y competencias, elevado en la debilidad del Frankenstein, con un nuevo cupo catalán que explosiona el régimen económico general.

La sobreprotección de los partidos políticos ha derivado en creerse depositarios de sus supuestos votantes, por lo que sólo los respetan en el momento de emisión del voto, cuando el voto es individual y se ejerce libre y en secreto. Los partidos antes de las elecciones prefiguran el sentido del voto y de los pactos poselectorales, que pretenden ejercer sin atender sus voluntades. Mientras los votantes de PP y VOX, en más de un 90 %, apoyan acuerdos conjuntos con la prioridad de revertir el actual gobierno, se enredan en un juego sin sentido trufado de personalismos.

El PP sigue ausente de tener una estrategia clara, con un perfil confiable de alternativa, con un modelo propio y un relato nacional. Pongo ejemplos, el Plan Hidrológico Nacional, anulado por Zapatero, que lo vende el PP en las elecciones de Aragón en oposición, mientras lo defiende en Valencia, Murcia y Almería. Al tiempo Vox defiende el trasvase del Ebro. Al final de la campaña de Aragón derraparon con el acto de Los Mecanios y el cierre de Vito Quiles, ambos en ámbito Vox, gracias a los cuales perdieron 1-2 escaños. Han venido todas las encuestas, señalando a Vox como el partido con mayor fidelidad de votante, consecuencia del cambio global del voto de derechas. No quita la deriva del líder de Vox Abascal, cabeza de los Patriots de Europa y cuya deriva lepenista le distancia de la realidad, de sus votantes y de su rango electoral.

Obligados a racionalizar acciones, analizamos la parte formal de su mensaje. Suprimir la Agenda 2030, contraria al mundo agrario. Controlar la inmigración ilegal. Suprimir el adoctrinamiento woke en las escuelas. Potenciar la industria nacional. Reducción del gasto superfluo y políticas ecológicas y climáticas. Suprimir leyes de memoria democrática. Bajar impuestos y apoyar la energía nuclear. Ideas apoyadas por ambas bases sociales, al igual que la reversión de las 14 leyes de nuestro Melenchón hispano. Alejados del núcleo de decisión de la UE, sin cumplir con los gastos en defensa, sin modelo energético fiable, mundo agrario y economía. La vivienda, empleo joven y natalidad desplomados. Quedamos obligados a recuperar el interés general del Estado.

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