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Opinión | Punto de vista

Que cada mirada nos siga emocionando

La costa del Valle de La Orotava

La costa del Valle de La Orotava / MARIA PISACA

A la altura del Valle de La Orotava, justo cuando la autopista se abre como un telón y deja al descubierto la inmensidad del Teide, me incorporaba del tedio de la guagua que me traía de la universidad. Me conmovía observar la cara de los turistas y de aquellos que miraban asombrados la belleza que se asomaba ante sus ojos. Era fascinante ver cómo descubrían y comentaban un paisaje impensable mientras yo regresaba un día más a casa. Muchas veces me preguntaba cómo debía ser contemplarlo por primera vez, como aquel libro maravilloso que deseaste no leer nunca para volver a disfrutarlo. Descubrir de golpe esa montaña imposible, esa presencia que no se explica, presentándose sin intermediarios y recordándonos la importancia de cuidar lo nuestro. Cómo sería aquel momento en el que Humboldt recorrió esas laderas a finales del siglo XVIII, con su cuaderno de notas y su curiosidad encendida. Describió el valle como uno de los más hermosos del mundo. No era una hipérbole romántica, porque, al fin y al cabo, era la constatación de un científico acostumbrado a medir, comparar y clasificar. Si él, que había visto selvas americanas y cumbres andinas, se detuvo aquí con asombro, ¿qué excusa tenemos nosotros para, en ocasiones, mirar sin ver? Quizá la pregunta no sea qué pensaría Humboldt al vernos hoy, sino qué pensaremos nosotros dentro de cincuenta años si dejamos de proteger lo nuestro. Yo quiero seguir mirando desde la guagua los ojos de los turistas. Quiero seguir asistiendo a ese instante exacto en el que el murmullo se apaga y las conversaciones se interrumpen para susurrar ese «wow» que no entiende de idiomas. Yo quiero que no perdamos la capacidad de asombro, aunque lo veamos todos los días, y que entendamos que vivir aquí no es una casualidad geográfica, sino una responsabilidad histórica. Yo quiero que el éxito no nos confunda. Que no midamos la grandeza del Teide por el número de fotografías en redes sociales ni por los récords de visitantes. Que nos entendamos entre todos, porque no me cabe la menor duda de que todos nuestros gobernantes quieren lo mejor para nuestro Teide y nuestro Valle de La Orotava. Yo quiero que el Teide siga siendo una lección. De geología, sí, pero también de humildad. Que nos recuerde que somos efímeros frente a su permanencia. Que nos enseñe que lo verdaderamente sólido no es lo que construimos deprisa, sino lo que sabemos preservar con paciencia. Yo quiero que, cuando otros ocupen nuestros asientos en la guagua, puedan descubrir el asombro en los ojos ajenos tal como lo hicimos nosotros. Quiero que heredemos no solo la belleza del Teide y del Valle de La Orotava, sino también el respeto y la responsabilidad de cuidarlos. Quiero que enseñemos a las nuevas generaciones que proteger lo nuestro no es un gesto opcional, sino un deber compartido, porque la verdadera grandeza está en preservar lo que nos hizo únicos y dejarles un legado que siga inspirando maravilla, orgullo y conciencia. Que cada mirada ajena y propia nos siga emocionando.

@luisfeblesc

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