Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión | La cantina ilegal

Análisis galístico

Un momento de la gala de la Reina.

Un momento de la gala de la Reina. / Arturo Jiménez

Anoche me permití el lujo de no abrir mi Cantina pensando que así podría descansar un poco, pero ni eso. Basta que la gente vea una rendija abierta para tocar y entrar a echarse unas garbanzas y alegar un rato. Las mesas se me ocuparon todas, y en ellas una conversa en común: La Gala de la Reina.

Como saben, me gusta poner un poco la oreja a la vez que sirvo y por eso pude comprobar que, en todas, se analizaba el trabajo de Dani Pagés con el espectáculo del miércoles. Y había de todo: A unos les gustó la gala, a otros solo la obertura, otros decían que fue horrible, y los más radicales, los del fondo, se atrevían a ponerla al mismo nivel que la de Eduardo Bazo o la de Rafael Amargo. A estos últimos les tuve que oler el vino que se estaban mandando porque pensé que estaba picado.

Yo no pude prestar mucha atención porque mi negocio estaba a reventar, pero si puedo decir que hay un denominador común claro: A los que la vieron por la tele no les gustó, y a los que estuvieron viviéndola en el recinto les gustó, y mucho. Y es que está claro que en la tele no se puede ver al mismo tiempo lo que ocurre a lo largo y ancho de un escenario tan grande y por los pasillos del público o las escaleras, cosa que la gente en el recinto no se perdía. Por el contrario, los del recinto no podían ver con claridad si los Cuatro o Cinco de Cuba hacían playback, o si Manny Manuel no llegaba al tono, o tenía la letra de las canciones apuntada en la mano, como dicen que se notaba en la tele. Por lo poco que pude ver... ¿Fue la peor de la historia? ni de coña; ¿fue la mejor que hemos visto?... tampoco.

Igual que la policía, en casos de asesinato, hace con las balas un análisis balístico, seguro que en mi negocio se harán este año unos buenos pocos análisis de la Gala, o sea, análisis galísticos.

Tracking Pixel Contents