Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión | La cantina ilegal

Santa Cruz de Tenerife

El saber no ocupa lugar

El proyecto EduCarnaval visita La Noria

El proyecto EduCarnaval visita La Noria / María Pisaca Gámez / ELD

Anoche apenas pude pegar ojo. Entre que el último cliente se fue a las cinco de la mañana y que tuve que levantarme pronto para colaborar con Diablos Locos en su EduCarnaval, hoy seguro que estaré todo el día ‘tontiando’. Teniendo en cuenta que no hay ningún acto de carnaval, esta noche cerraré temprano y, como decía mi padre, me meteré en el catre más rápido que las retahílas de Bambones. ¡Que labor tan importante hacen Diablos Locos con ese proyecto educativo para llevar la fiesta a los niños de cada vez más colegios!

Hace unos días leí en el periódico que también se está gestando, entre el Ayuntamiento y la Universidad de La Laguna, la creación de una Cátedra del Carnaval impulsada por el Aula de Cultura y que, entre otras cosas, ampliará esa línea didáctica a jóvenes de más edad y a universitarios. Leyendo comentarios que hacía mucha gente en las ‘redes fecales’, como las llama mi amigo Manolo Darias, tuve claro cuán necesaria es la labor pedagógica relacionada con nuestras carnestolendas; cuánto comentario fuera de lugar, cuánta ignorancia mal intencionada, cuántas tonterías reflejadas por perfiles que usan pseudónimos para largar lo primero que se les ocurre.

Muchos clientes de mi cantina, y yo, tenemos claro que los años van pasando y los jóvenes deberían conocer cómo nació y cómo evolucionó la fiesta que cada febrero hace que salgan a la calle a divertirse: desde cuándo sabemos que existe, cómo evolucionó con el tiempo, de dónde vienen rituales que incluye la fiesta -como el entierro de la sardina-, cómo nacen las cabalgatas, cuándo fueron los primeros concursos y así un largo etcétera que despierte el amor por nuestro carnaval en muchos jóvenes de hoy, que serán los encargados de cuidarla en el futuro. Que nuestros jóvenes sepan que hoy bailan gracias a un obispo llamado Pérez Cáceres, que sepan quién fue Opelio Rodríguez Peña, Pedro Gómez Cuenca o un tal Enrique González Bethencourt. Mi padre era mucho de dichos y siempre decía uno que era una verdad como un templo: El saber no ocupa lugar. n

Tracking Pixel Contents