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Opinión | El recorte

Tenía que ir

Los expresidentes españoles son miembros natos del Consejo de Estado, aunque solo Zapatero haya asistido a alguna de sus sesiones. Son ciudadanos distinguidos, pero se pueden ganar la vida como quieran.

Archivo - El secretario general del PSOE de 2000 a 2012 y presidente del Gobierno de España de 2004 a 2011, José Luis Rodríguez Zapatero.

Archivo - El secretario general del PSOE de 2000 a 2012 y presidente del Gobierno de España de 2004 a 2011, José Luis Rodríguez Zapatero. / Joaquin Corchero - Europa Press - Archivo

Los medios de la fachosfera la tienen tomada con Zapatero. Le han pintado una diana y le han declarado objetivo de caza mayor. Ya han conseguido un par de secretarios de organización socialistas, un ministro jaranero, presidentes de empresas públicas, fontaneras… pero ambicionan un expresidente. De ahí que ahora la hayan tomado otra vez con ZP por su viaje imprevisto a Venezuela para entrevistarse con la presidenta Delcy Rodríguez.

Criticar el viaje de Zapatero es injusto porque hay cosas que no se pueden hablar por teléfono. El expresidente tenía que ir, sí o sí, para hablar con su vieja amiga. Tenía que preguntarle, en la intimidad, cuál es el contenido de ese sobre que Aldama ha anunciado a bombo y platillo y que, dicen, hará caer al actual Gobierno. Cualquiera que estuviera en los zapatos de Zapatero estaría preguntando lo mismo. «¿Me quieres decir qué le diste a Aldama en ese sobre, Delcy?».

Nadie sabe exactamente cuándo acabaron esos documentos de la empresa nacional de petróleo venezolana, PDVSA, en manos de Aldama. Pero huele a cabreo. Al parecer, la entrega se produjo después de la humillación que sufrió Delcy Rodríguez en su frustrado viaje a España. Cuando no la dejaron entrar porque había una euroorden de arresto contra ella. El enfado que se cogió fue antológico. Y de nada sirvió que le fuera a dorar la píldora el ministro José Luis Ábalos, a quien, hermoso recuerdo, toda la izquierda, puesta en pie en el Congreso, aplaudió por su heroico servicio nocturno. Hay momentos que quedan para siempre.

La fachosfera cree que ZP va a Venezuela para apuntarse a la amnistía y liberación de presos políticos, al fin de la tortura en los siniestros centros de retención de la policía secreta bolivariana o al cierre del Helicoide, la gran prisión caraqueña. Se burlan diciendo que todo eso ha ocurrido, no por casualidad, justo después del secuestro del presidente Nicolás Maduro, con quien Zapatero se daba abrazos y besos y sostenía empalagosas reuniones. Es obvio que no se enteran. Lo de la transición teledirigida en Venezuela o el fin de la represión ilegal son temas poco importantes cuando lo que te estás jugando es tu propio pellejo. Zapatero no es que quiera, es que necesitaba saber qué material concreto pueden utilizar contra él. Y que se lo dijeran en vivo y en directo.

Los expresidentes españoles son miembros natos del Consejo de Estado, aunque solo Zapatero haya asistido a alguna de sus sesiones. Son ciudadanos distinguidos, pero se pueden ganar la vida como quieran. Rajoy volvió a su puesto de registrador. Aznar se dedicó a ganar pasta como conferenciante. Y Felipe hasta se hizo diseñador de joyería. Los tres han hecho fortuna después de pasar por Moncloa. No sería extraño, por tanto, que Zapatero se haya forrado alquilando su influencia. La diferencia está en que lo haya hecho con un régimen criminal, como el de Maduro, que ha gastado cientos de millones de euros en lavar su imagen y en influir en Europa. Éticamente hablando, le dejaría a la altura de su apellido. Esa es la negra nube de amenazas que tiene sobre su cabeza. Con Maduro cantando en los juzgados norteamericanos. Y Delcy acojonada en Caracas. Como para no ir a preguntar.

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