Opinión | Retiro lo escrito
ZP se hace perdonar

Delcy Rodríguez y el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero, durante un encuentro en junio de 2016. / OEA / EUROPA PRESS
¿A qué va Rodríguez Zapatero a Venezuela? ¿A rescatar a alguien? Por supuesto. Va a rescatarse a sí mismo. Actualmente en Venezuela el dilema es claro para todos los dirigentes y cargos chavistas y sus adláteres: si quieres un futuro debes sumarte al nuevo protectorado estadounidense, cuya principal empleada es Delcy Rodríguez bajo el título eufemístico de presidenta encargada. Si no es así serás eliminado. Por el momento Diosdado Cabello, ministro de Interior y Justicia y de los servicios de inteligencia, y el general Vladimir Padrino, ministro de Defensa, aprietan los dientes y lo toleran todo. Que Delcy la Fea se reúna en Caracas con el director de la CIA (sí, la misma Central de Inteligencia a la que su padre declaró la guerra como despiadado guerrillero) o que el FBI tuviera carta blanca para detener a un canalla, corrupto y asesino como Alex Saab, testaferro del régimen muy próximo a Nicolás Maduro, y ministro hasta casi anteayer de Industria y Producción Nacional. A Saab lo retienen –qué hermosa justicia poética– en una celda del Helicoide donde lo visitan diariamente amables caballeros del Sebin para interesarse por su salud. El Sebin sigue en manos de Cabello, lo que indica hasta dónde puede llegar el capitán para conservar su grasiento cuello y la poltrona ministerial. También detuvieron a Raúl Gorrín, al que Maduro puso al frente de Globovisión aunque se dedicaba, sobre todo, a negocios sucios y a blanquear fortunas de los chavistas más acaudalados.
Para las autoridades del Departamento de Estado el expresidente Rodríguez Zapatero es un amigo de Nicolás Maduro y el régimen, no un aséptico mediador que sabe poner distancias con la dictadura con la que debía o quería negociar. Un mediador no suele dejarse invitar con todos los gastos pagados por el Gobierno que mantiene en su poder a presos políticos a menudo torturados o sin que medie sentencia judicial. Un mediador no se queda en una suite del Tamanaco pagada con fondos protocolarios del Palacio de Miraflores ni tampoco almuerza y cena habitualmente con Maduro o con otros figurones de la dictadura, empezando por los hermanos Rodríguez. Un mediador no tolera facilidades oficiales para que sus hijas puedan abrir una delegación de su empresa en Venezuela, una sociedad dedicada a las estrategias de marketing dentro y fuera de los deportes electrónicos. Sí, precisamente en Venezuela. El Departamento de Estado, por las razones que sean –ni siquiera he mencionado el muy maloliente rescate de la aerolínea Plus Ultra por el Gobierno español– creen que Rodríguez Zapatero es un mediador muy particular, porque cuando llueve no se moja como los demás: Maduro y ahora Delcy Rodríguez siempre estaban al quite para prestarle un paraguas.
Ahora Rodríguez Zapatero exige, con su bonita voz acampanada, gran respeto hacia el «proceso de democratización de Venezuela», una expresión que la propia presidenta encargada se cuidaría mucho de proferir. ¿Cuándo comenzó ese proceso? ¿Cuándo los soldados yanquis se llevaron a Maduro empijamado a una prisión federal en Nueva York? ¿El «proceso de democratización» lo han abierto, entonces, Donald Trump y el Delta Force? Según el propio Rodríguez Zapatero, ¿no era Nicolás Maduro, al menos hasta 2024, un presidente democrático que había ganado todas las elecciones? Si Venezuela constituía «una democracia imperfecta, como todas» (declaraciones de 2023), ¿por qué necesitaba abrir un proceso de democratización? ¿Quién perfeccionará esa democracia madurista, Marco Rubio? ¿O los hermanos Rodríguez con la colaboración estelar de Diosdado Cabello y Vladimir Padrino? Ni una palabra soltó Rodríguez Zapatero, observador de las elecciones presidenciales de hace año y medio, sobre la villanía de Maduro al declararse vencedor, y ahora regresa a Venezuela no a vigilar ningún proceso electoral, sino para hacer lo mismo que Delcy y su hermano: ponerse a disposición y proporcionar toda la información a los que ahora mandan realmente en el país, es decir, el Gobierno de Donald Trump.
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