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Opinión | En el camino de la Historia

JUAN JESúS AYALA

Prisioneros de los acontecimientos

Accidente tren en Adamuz, trenes Iryo y Alvia. Accidente ferroviario, descarrilamiento Córdoba. Grúas y maquinaria pesada retiran vagones del Iryo

Accidente tren en Adamuz, trenes Iryo y Alvia. Accidente ferroviario, descarrilamiento Córdoba. Grúas y maquinaria pesada retiran vagones del Iryo / Manuel Murillo Martínez / COR

Aunque pretendamos zafarnos de los acontecimientos dirigiéndolos a la zanja, a las traviesas o a los raíles del olvido, es imposible. Son tantos que cuando tenemos algo claro porque hemos dado con la clave para emitir una opinión sobre informaciones de personas que se creen superiores, estas nos desnudan cambiando su discurso.

Y ¿ qué sucede? Nos dejan de nuevo en blanco, en un mar a la deriva donde nuestro conocimiento navega alborotado desde la distancia.

Siempre desde la distancia poniendo nuestra capacidad de observación y de crítica en el más completo aislamiento, porque en el maremágnum de políticos atiborrados por las explicaciones que dan sobre determinados asuntos de envergadura; pongamos el ejemplo reciente cual es el desgraciado accidente ferroviario, ¿acaso sabemos por qué carril dialéctico transitan?

Las justificaciones tienen como materia explicativa una lastimera paradoja puesto que aquellos que son o deberían asumir responsabilidades se sitúan como víctimas y se acercan al significante traducido en la trampa y el engaño envueltos en palabras ajenas a la trágica situación. Están tan seguros de sí mismos, saben tanto de tantas cosas que ante tanta grandeza y prepotencia, apenas sí nos tienen en cuenta.

Unos aplauden y otros reprochan, ¿ y el espectador?, ausente ante el gran espectáculo nacional engrandecido por los responsables de lo acontecido. A la espera de la investigación que ha sufrido un parón hasta que el órgano encargado reciba determinada documentación. ¡Siempre los dichosos papeles!

Es como si todo haya salido bien, se hizo de acuerdo al protocolo establecido. Pero se ve que dicho protocolo se enmoheció por el tiempo, se envolvió en la retórica donde precisamente en estas desgraciadas circunstancias es la primera que tiene que ajustarse al discurso y no salirse de él como si tal cosa.

Muchos quisieran revelarse en contra de estas componendas políticas, pero al levantar la vista y comprobar lo que unos y otros hacen y deshacen es como perseguir la angustia del fracaso.

Por lo que se puede llegar a la conclusión que habrá que dejarlos, que por sí solos busquen los recodos de sus vidas mediocres y construyan sus falsos mundos.

Además, tener la semántica de los argumentos como un pretexto integral para que muy pocos puedan llegar a las pequeñas deficiencias del todo» es también uno de los cálculos inmediatos que se escapan de la mente que no solo deben conocer la verdad, sino huyen de ella.

Lo único que podemos decir y desear es que sigan así, mientras que los demás, los que apenas entendemos y estamos en la otra orilla procuraremos estar en disposición de tenderles una mano, aunque al final tendrán tan poca fuerza que caerán por sí solos al ostracismo y al olvido.

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