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Opinión | El recorte

El relato

Comite Nacional del PSOE - ADDA - politica - Diana Morant - Alicante

Comite Nacional del PSOE - ADDA - politica - Diana Morant - Alicante / Jose Navarro

Los desastres naturales y los accidentes se han convertido en combustible electoral para unos políticos enajenados. Los socialistas ganaron las elecciones celebradas tras los atentados islamistas del 14M en España. Fue una lección práctica de lo que da de sí una desgracia bien aprovechada y una comunicación mal planteada. La derecha de Aznar, que tenía las elecciones ganadas con Rajoy como candidato, las perdió en solo unas pocas horas de errores garrafales de gestión de comunicación: perdió el relato. Ese ‘relato’ es otro concepto incorporado ad nauseam al análisis político en España por la nueva política practicada por la izquierda radical, la del Podemos de Iglesias, Errejón y Monedero y sus manuales de Laclau. Aquella de asaltar los cielos y rodear el Congreso, que hoy pide la sustitución de fachas por inmigrantes.

La derecha española, que carece de pensamiento, suele apropiarse por orfandad intelectual del marco conceptual del eficiente discurso de los intelectuales poscomunistas. De ahí que Feijóo le dijera a Carlos Mazón, en la misma noche de la gran riada valenciana: «lleva la iniciativa de comunicación... es la clave». No es que hubiera descubierto la pólvora precisamente. Pero sirvió para que la secretaria general del socialismo valenciano, Diana Morant, se indignara al ver un Partido Popular «centrado en el relato y no en las víctimas de la tragedia». ¡Hay que joderse!

Morant no atisbó los mismos vicios infames en las declaraciones del fiscal general del Estado, Alvaro García Ortiz, quien confesó de viva voz que si se publicó una nota de la Fiscalía sobre lo del novio de Ayuso fue porque no se podía permitir que les ganaran «el relato» a los fiscales. La socialista Morant también pidió la dimisión de Feijóo –se supone que su dimisión de líder de la oposición– porque «la mentira no tiene cabida en política». Fue una declaración esplendorosa para un miembro, no sé si acaso miembra, del equipo de Pedro Sánchez; un tipo que ha mentido tantas veces y en tantas cosas distintas que ha tenido que edificar una nueva teología en la que establece que cuando se es un dios menor, se dice una cosa y luego se hace la contraria, se trata simplemente de un cambio de opinión.

Así pues, los partidos y sus protagonistas están abducidos por «el relato», que es, sustancialmente, la versión de la realidad que les favorece y que intentan instalar a martillazos mediáticos en la opinión pública. Y no necesariamente tiene que ser la verdad.

La reciente tragedia ferroviaria de Adamuz se ha convertido, porque en España ya no puede ser de otra manera, en una feroz batalla por ganar el relato de los medios, de las redes y de la opinión publicada. La oposición trata de orientar el dolor y la ira de los familiares de las víctimas –ahora también victimizados– hacia el chivo expiatorio de turno; en este caso un belicoso Oscar Puente, ministro de Transportes. Y desde el poder intentan ganar tiempo porque saben que todos los incendios, con el paso de los días, se terminan apagando.

Todo descarrila por el gigantesco fallo en el punto de soldadura que une las dos traviesas de distinto acero en que se ha convertido la sociedad de un país que no tiene ni memoria ni remedio.

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