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Opinión | Tal cual

Cómo equilibrar el crecimiento turístico con la sostenibilidad y el bienestar poblacional

Archivo - Fachada de la sede central de Aena

Archivo - Fachada de la sede central de Aena / Alejandro Martínez Vélez - Europa Press - Archivo

Si se tratara de una pregunta retórica –que no lo es–, la respuesta resultaría controvertida. Para lograr dicho equilibrio, sería necesario que la administración y los distintos operadores turísticos planificaran, adoptaran e implantaran una estrategia predecible, eficaz y viable, que convirtiera la sostenibilidad en un elemento imprescindible en toda actuación relacionada con el futuro a medio y a largo plazo de la industria turística.

Muchos piensan que se trata de la cuadratura del círculo. Pero no podemos permitirnos el lujo de ser pesimistas. No se trata de comparar o, peor aún, de enfrentar términos como «destino sostenible» con el «número de turistas», sino de plantear cómo se pueden redistribuir mejor los flujos y los escenarios de acogida. Esto requiere implementar infraestructuras adecuadas y con visión de futuro, acordes al volumen de visitantes, de forma que se respete el entorno y los beneficios se repartan entre todos.

Estamos a un paso de que España reciba 100 millones de viajeros internacionales, lo que supone un 3,2 % más que en el año anterior. Estos turistas gastaron en nuestro país cerca de 135.000 millones de euros, un 6,8 % más que en 2024. Según datos del INE, los mayores países emisores fueron el Reino Unido, con 19 millones de turistas; Francia, con 12,7 millones; y Alemania, muy cerca, con 12 millones. El mayor gasto acumulado en Canarias fueron 24.431 millones de euros. Que no está nada mal.

Tenerife se mantiene un año más como líder indiscutible en la recepción de viajeros internacionales, llegando a recibir en los meses de invierno más de 600.000 turistas mensuales. Esto representa casi un 40 % del total de visitantes de la Comunidad Autónoma, siendo el mercado británico el que más aporta.

Una vez dejado claro que el turismo es la principal fuente de ingresos y que, por suerte o por desgracia, la inmensa mayoría de los canarios viven de forma directa o indirecta de él, deberíamos cuidar algo más al turista que recibimos. No debemos espantarlos con insultos, pancartas, grafitis o manifestaciones –que, en todo caso, deberían dirigirse contra los responsables políticos y los organismos pertinentes–, ni ahuyentarlos con infraestructuras deficientes y faltas de mantenimiento. ¿Les suena? Carreteras colapsadas y aeropuertos que no están a la altura de la demanda actual son un problema real.

Llevamos demasiados años esperando que los responsables políticos doten a Tenerife de unas infraestructuras adecuadas en carreteras, aeropuertos, trenes, puertos. Sin embargo, todo se reduce a promesas y planes para años venideros. Cuando finalmente se liciten las obras y se inauguren, existe el riesgo de que estén obsoletas, porque no se piensa a largo plazo, sino en parchear lo que no funciona.

Basta fijarse en un ejemplo: el aeropuerto Tenerife Sur. Las quejas por saturación por parte de pasajeros y de hoteleros son constantes. Los transportistas denuncian porque quieren cobrarles por acceder a recoger pasajeros; los precios de los bares y de las máquinas expendedoras son abusivos –donde una botella de agua te cuesta casi como un billete de avión–; las colas para coger un taxi siguen siendo tercermundistas. No hablemos ya del control de pasaportes, donde la espera es de varias horas –especialmente con la llegada simultánea de distintos vuelos procedentes del Reino Unido–, completan un panorama desolador. Los vídeos que denuncian estos hechos se viralizan en las redes sociales, y nada de esto proyecta una buena imagen de nuestra Isla.

Uno de esos vídeos virales muestra cómo de las decenas de máquinas instaladas para el nuevo sistema biométrico de Entradas/Salidas (EES) de la Unión Europea –para viajeros no comunitarios– solo funcionaban unas pocas. Es indudable que AENA tiene un problema grave, un problema que condiciona y neutraliza cualquier iniciativa de publicidad o marketing destinada a que esos turistas decidan, alguna vez, volver.

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