Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión | El recorte

La dictadura del pensamiento

Los paneles solares desprenden residuos tóxicos, según los negacionistas

Los paneles solares desprenden residuos tóxicos, según los negacionistas / Shutterstock

Una información señala, como escándalo, que el Ayuntamiento de Granadilla subvenciona no sé qué actividad de una persona que es «negacionista climático». Lo que parece indicarse es que no debería haberlo hecho. Y la pregunta pertinente es ¿por qué?

¿Desde cuándo sostener una opinión, aunque pueda ser contraria a la de la mayoría de la población, constituye una razón suficiente para la proscripción administrativa? ¿No vivimos en una sociedad donde se presume del respeto a las minorías y el derecho de éstas, y de los individuos, a expresar libremente sus opiniones? Se puede alegar que no se deben subvencionar ideas que vayan contra ciertos principios. Pero ¿cuáles? ¿Los de la izquierda de hoy? ¿Los de la derecha de mañana? El único principio por el que merece la pena luchar es el de la libertad. Que cada uno defienda aquello en lo que cree y que la gente opine libremente.

La última década, de manera intensa, se ha intentado implantar una especie de código moral que se exige de manera imperativa. La aceptación sine qua non de una serie de principios, algunos establecidos supuestamente por ‘la ciencia’, que deben ser compartidos sí o sí por los ciudadanos. Uno de ellos es la existencia de un cambio en el clima producido o acelerado por la actividad humana.

Pero no es verdad que ‘todos’ los científicos compartan la teoría de que la acción del ser humano esté acelerando el calentamiento global y amenace con la subida del nivel de los mares. Podría citarles una larga lista de nombres, entre ellos el de algunos premios Nobel, que establecen matices, cuando no objeciones, a estas afirmaciones tan rotundas. Yo sí creo que el clima está cambiando, pero también considero que lo ha hecho centenares de veces en la historia de nuestro planeta. Y también creo, porque es una evidencia comprobable, que haríamos bien en dejar de contaminar y ensuciar nuestro pequeño planeta. Pero no porque estemos cambiando su clima, sino porque lo estamos llenando de mierda. Y porque ya somos más de ocho mil millones de seres humanos; un gigantesco hormiguero que no hace más que consumir recursos y producir residuos.

No voy a comulgar con ninguna iglesia. Nunca lo he hecho. Creo que una persona tiene perfecto derecho a creer que la tierra es plana, aunque sea una estupidez y tenga a su disposición las suficientes pruebas, desde la Grecia de Aristóteles, de que no es así. Y también entiendo que haya personas que consideren que los sobrecostos ambientales impuestos por los países ricos están empobreciendo a muchos europeos mientras que otros país más contaminantes son más competitivos. Es el caso de una España que apuesta por las renovables mientras compra a Marruecos electricidad producida por carbón.

La tendencia actual es crear un discurso social dominante en el que cualquier discrepancia comporte la cancelación. De ahí el intento de controlar las incontrolables redes sociales. Pero la dictadura del pensamiento es incluso más peligrosa que la del proletariado. No todas las ideas son respetables. Ni mucho menos. Muchas se deben discutir, algunas se deben despreciar y no pocas se deben combatir. Pero absolutamente todas tienen derecho a debatirse en libertad.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents