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Opinión | Retiro lo escrito

Democracia en peligro (y 2)

Foro de La Provincia/DLP y Prensa Ibérica con el ministro Ángel Víctor Torres

Foro de La Provincia/DLP y Prensa Ibérica con el ministro Ángel Víctor Torres / José Carlos Guerra / LPR

La llamada de emergencia de Ángel Víctor Torres a favor de la democracia forma parte del discurso socialista desde los años de Rodríguez Zapatero. Por supuesto, antes, desde el PSOE, también se apostrofaban terribles augurios sobre la derecha y se insistía en que los conservadores españoles eran, en su gran mayoría, franquistas superficialmente reconvertidos: basta con ver las últimas campañas electorales de Felipe González, lo del dóberman y todos esos excesos audiovisuales. Y funcionaba. Todavía en 1996 González perdió por apenas 300.000 votos. «Nos faltó una semana más de campaña», dijo el líder. Quizás tenía razón, pero hubiera sido terrible, también para el PSOE, que tuvo la suerte de salir del poder y reinventarse. Los anhelos de perpetuidad del sanchismo han impedido una retirada prudente y casi con seguridad se llevarán al partido por delante.

En la retórica del sanchismo –un palimpsesto donde caben cartas de un presidente enamorado, exhortaciones tremebundas a la democracia, acusaciones criminales a los conservadores y liberales españoles, burlas y desprecios a sus dirigentes, francofrancofranco y un incansable afán por mentir, por escarnecer al adversario, por deslegitimarlo política e ideológicamente– la derecha ya no es solo la derecha, sino también la ultraderecha. En realidad todo es lo mismo, una emanación del Mal, una abominable peste moral, la amenaza del apocalipsis de la libertad, el nuevo y viejo fascismo que viene a aniquilar las libertades, a acabar con derechos laborales, imponer la censura y reconstruir el patriarcado en todo su esplendor feminicida. El propósito no es otro que fraguar una realidad binaria y fragmentar el voto conservador y salvaguardar la posibilidad de retener el poder, aunque se pierdan las elecciones. Mitterrandescamente el presidente Sánchez ha creído que publicitando a los ultras conseguiría capitidisminuir la fuerza electoral de la derecha en su conjunto. Le ha salido muy mal, como tantas otras cosas, y si persiste en la estupidez es porque no se le ha ocurrido nada más.

Puede que a la democracia parlamentaria española le espere una embestida por parte de un Gobierno PP-VOX, pero eso es un futurible. En cambio, el comportamiento de los gobiernos presididos por Pedro Sánchez, en especial desde julio de 2023, se ha convertido en una amenaza real sobre los valores e instituciones democráticas. En realidad Sánchez aplica los mismos instrumentos y mecanismos que la derecha radical en Europa y Estados Unidos: el uso del relato sustituyendo los argumentos, la primacía de la manipulación emocional sobre el diálogo responsable, el desprecio por la verdad, la confrontación ideológica arrinconando cualquier voluntad de consenso, el mentir como quien respira sin temor a las consecuencias, la concentración de poder en un hiperliderazgo que no tolera críticas en el seno de su partido, el desdén del orden constitucional como una sustancia infinitamente elástica y adaptable a sus necesidades políticas inmediatas. Desde pactar con fuerzas independentistas o de clara voluntad destituyente a cambio de destruir la misma urdimbre territorial y fiscal del Estado a no cumplir con el mandato constitucional de presentar un proyecto de presupuestos generales, desde gobernar sin una mayoría parlamentaria mínimamente estable hasta utilizar al Tribunal Constitucional como una sala de casación que le enmienda la plana al Supremo, desde graves casos de corrupción despachados sin ninguna asunción de responsabilidades hasta el nombramiento como fiscal general del Estado de quien era 48 horas antes ministra de Justicia, cuyo sucesor y amigo resulta procesado por un delito de revelación de secretos y se niega a dimitir. Cualquiera, hasta Ángel Víctor Torres, debería admitir que el sanchismo no ha robustecido la democracia, sino todo lo contrario. Cuando llegue la derechona al Gobierno español no corregirán estos desafueros. Los ajustarán a sus necesidades y objetivos y manías. Y el sistema político continuará destartalándose hasta la derrota final.

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