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Opinión | La cantina ilegal

Todas merecen ser reinas

Recepción de las candidatas infantiles en el Ayuntamiento, archivo.

Recepción de las candidatas infantiles en el Ayuntamiento, archivo. / María Pisaca

Lejos de pensar que mis clientes me iban a dar un pequeño descanso, después de la paliza del sábado pasado, anoche tuve una trabajera enorme, tanto fue así que, a eso de las doce de la noche, ya no me quedaban garbanzas de las de mi madre. Por momentos, mi negocio se convirtió en un potaje de temas. Por un lado, hablando de la gala de la reina infantil de esta tarde, por otro de las agrupaciones musicales de anoche y, por otro, del fallo del jurado en las murgas adultas.

Ha despertado mucha expectación la dirección de las galas del equipo liderado por el diseñador, Daniel Pagés, quién ya demostró en la mini gala inaugural que, por lo menos, las ideas las tiene bien claras. En las conversas acerca de la gala infantil, el tema más polémico es el de las dimensiones de los trajes de las niñas, algunas de ellas con auténticas carrozas que les genera problemas para moverse a lo largo y ancho del escenario. En las discusiones acerca de las agrupaciones, fueron muchos los clientes que se preguntaban qué pasará el año que viene, si el calendario obliga a decidir si la final de murgas se celebra en sábado, relegando agrupaciones al viernes, o si serán los grupos críticos quienes volverán a su formato habitual dejando el sábado libre. El tiempo lo dirá. Y en cuanto a murgas, parece que el fallo del jurado, levantó ampollas desde el mismo momento de su lectura, durante el cual se escucharon gritos de tongo desde el público presente en el recinto.

Y mientras yo corría de un lado para otro, me acordé de la gala infantil y del año que tuve la oportunidad de formar parte del jurado. Recuerdo que me dio una pena tremenda observar los temblores de las niñas en nuestra visita a la trasera del escenario para ver de cerca los trajes. Al tratarse de niñas, y viendo la ilusión que tenían todas y cada una de ellas, sus nervios y su forma de mirarnos, nos retiramos a deliberar con la convicción generalizada de que todas merecen ser reinas.

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