Opinión | Un segundo para la reflexión
JOSÉ MARÍA LIZUNDIA
Junta de Paz para Gaza de Trump

Imagen de archivo de ataques israelíes en Gaza / Europa Press/Contacto/Rizek Abdeljawad
Si algo caracteriza a Trump, y todos se avienen a reconocerlo, es su imprevisibilidad, como se ha comprobado en Davos: previsible. Según el corte que demos en él nos saldrá uno u otro, aunque parecido. Disolvió la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo de Ayuda Internacional (Usaid), el poder verdaderamente blando del país, para transferirlo en gran parte al Departamento de Estado. No es el mismo el que extrae de Venezuela al fugitivo de la justicia norteamericana, el dictador sanguinario Maduro, que el que acomete con el ICE a los emigrantes, en Minneapolis.
Trump es un seguidor parcial de Carl Schmitt, en cuanto al «decisionismo»: el soberano, hablando del concepto de soberanía, era el que podía decidir. Decidir, ejecutar, es función inmanente a cualquier poder y signo de su ostentación funcional. Naciones Unidas vive en perfecto estado de putrefacción e inanidad: apenas decide algo; está. Como la Iglesia con la compra de bulas, que haría nacer a Lutero, el presunto comisionista Zapatero subvencionó el Departamento de la Mujer de Bachelet para meter a Leire Pajin y Bibiana Aido en la ONU, que, si no, de qué. Llegados aquí, se me ocurre poderlo emparentar también con lo de la declinante Internacional Socialista (ahora noticia). Por situaciones de facto, como el reconocimiento de Estados Unidos del Sáhara marroquí, y después otros países, hizo por fin reaccionar al Consejo de Seguridad.
La Junta de Paz para Gaza de Trump en cuyo Consejo se han comprometido 60 países, muchos árabes, ha concitado la acusación de que desplazaría a la ONU por otra paralela; se suelen compartir sinergias en posiciones similares, por ejemplo, de decadencia e inmovilidad: Naciones Unidas y Francia, por extensión Europa, nada nuevo. En cuanto el plan de Trump, para hacer de Gaza una Riviera del este del Mediterráneo, no es una idea extravagante de él porque ya se había barajado. Gaza con el sintagma de «cárcel abierta al cielo» nunca lo fue, basta mirar Google Earth para monitorizar su territorio; acudir al gran historiador de Hamás, Tareq Boconi, quien relataba su vida bulliciosa y playas; al periodista Mikel Ayestaran: planes de Egipto de convertir Gaza en zona free de grandes hoteles. Se aventura con una limpieza étnica cuando ni un solo país árabe quiere palestinos, pero no con el derecho individual a emigrar como los de toda la región, incluso a prosperar en su propio país con desarrollo de verdad, no de guerra. El mentado Boconi habla de una lucha anticolonial en un mundo poscolonial.
Para quienes sería fatídico es para todos los occidentales ‘de progreso’ compasivos y solidarios con el sufrimiento, no cualquiera, sino el significado exclusivamente por la identidad de los verdugos.
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