Opinión | OBSERVATORIO
José Luis Rivero Ceballos
El poder adquisitivo de las rentas del trabajo

Trabajos de reasfaltado en Bajamar.
La actualidad del debate sobre la asequibilidad
En los últimos años, el poder adquisitivo ha cobrado protagonismo en el debate público bajo el término ‘asequibilidad’. Pese a que la relación entre precios, salarios y condiciones de vida nunca ha desaparecido de la conversación social, hacía tiempo que no se situaba con tanta fuerza en la agenda política. Hay señales reveladoras: la revista The Economist apunta a que se convertirá en la palabra del año 2026; Paul Krugman, premio Nobel de Economía, ha escrito recientemente cuatro artículos sobre asequibilidad; y es uno de los temas estrella en el ámbito político en EE.UU. Como ocurre con muchos debates económicos, bajo un concepto aparentemente sencillo subyacen complejidades.
Asequibilidad: mucho más que precios
La asequibilidad alude a la capacidad de la renta para acceder a un determinado ‘paquete’ de bienes y servicios: alimentación, vivienda, energía, transporte u ocio básico, entre otros. Pero, no es solo un asunto de precios, sino de cómo encajan tres dimensiones que se cruzan permanentemente: inclusión económica, equidad y seguridad. Hoy, estas tres dimensiones dibujan en Canarias una realidad ambivalente: los datos de largo plazo son mejores de lo que sugiere el malestar social, pero la experiencia cotidiana de muchas personas apunta a una creciente dificultad para sostener un nivel de vida digno.
Inclusión: brecha salarial y coste de la vida
Canarias arrastra desde los años sesenta una brecha salarial persistente respecto al conjunto de España: en torno al 80% del nivel salarial medio nacional. La brecha también se produce entre los grandes sectores de la actividad económica: la industria tiene salarios superiores, seguida de los servicios y la construcción.
La tasa de variación acumulada de los salarios/hora, desde el año 2000, ha crecido en términos reales, es decir, descontando la inflación. Entre 2000 y 2023, las retribuciones nominales de los asalariados han aumentado a una tasa anual acumulada del 2,64%, pero las retribuciones reales lo han hecho al 0,62%, lo que implica que alrededor de dos puntos del crecimiento nominal se han evaporado cada año en forma de subida de precios. Tras la pandemia, las cifras se vieron distorsionadas por el llamado ‘efecto composición’: la salida del mercado laboral de trabajadores con salarios bajos elevó artificialmente el salario, un espejismo estadístico que se ha ido corrigiendo a medida que el empleo se ha normalizado. Aun así, los niveles de retribución real previos a la crisis de 2008 todavía no se han recuperado.
El otro lado de la moneda son los precios. Los bancos centrales consideran que una inflación del 2% anual es el límite compatible con la estabilidad, pero en Canarias el IPC ha superado ese umbral en buena parte de lo que llevamos de siglo. Hubo una etapa de moderación a partir de 2009, truncada por el repunte inflacionista posterior a la pandemia, y en los dos últimos años hay una cierta vuelta hacia el entorno de ese 2%. La foto cambia cuando se entra al detalle: los precios de los alimentos en Canarias son más altos que en el conjunto de España en términos de paridad de poder adquisitivo, aunque la brecha se ha reducido en la última década, y su escalada después de la pandemia ha golpeado con especial dureza a las rentas más bajas. Y eso que la diferencia de la imposición indirecta absorbió hasta el 4,8% de la diferencia en 2024. Algo parecido ocurre con la vivienda: mientras que la vivienda libre sigue siendo ligeramente más barata que en el resto del país, la vivienda protegida resulta algo más cara, lo que complica el acceso justo a quienes más la necesitan.
Con este cuadro, la mejora de las rentas salariales no se traduce de forma automática en una mayor inclusión económica para todos. En términos generales, la participación de las retribuciones del trabajo en la renta disponible total ajustada ha caído desde antes de la crisis financiera, pasando del 62,3% a comienzos de siglo al 59,91% en 2023, lo que revela una pérdida de peso relativo de las retribuciones del trabajo respecto a otras fuentes de renta, incluyendo los ingresos públicos.
Equidad: desigualdades internas y brecha de género
La asequibilidad también se juega dentro del propio mercado de trabajo, en cómo se reparten los salarios entre distintos grupos. En Canarias, el salario correspondiente al percentil 90 –es decir, el de quienes se sitúan entre los mejor pagados– es 3,7 veces superior al del percentil 10, donde se concentran los salarios más bajos, una relación que se ha mantenido notablemente estable entre 2008 y 2023. Dicho de otro modo: la economía ha cambiado, pero la distancia entre quienes ganan más y quienes ganan menos apenas se ha movido.
La comparación con el conjunto de España añade matices relevantes. Los salarios altos tienden a ser más favorables en la península, mientras que, en los dos últimos años, los salarios más bajos han evolucionado algo mejor en Canarias, lo que ha proporcionado un ligero respiro a los trabajadores con menor retribución. Sin embargo, la equidad sigue cuestionada por la desigualdad de género: en la franja salarial baja, los hombres cobran más de cuatro mil euros anuales adicionales que las mujeres, lo que multiplica las dificultades de asequibilidad para ellas, especialmente en hogares monoparentales o con trabajos parciales. En cambio, en los tramos salariales altos, la brecha de género se ha reducido de forma notable en los dos últimos años, un signo de avance que, no obstante, todavía no corrige la desigualdad en la base de la pirámide.
Seguridad: empleo frágil, incertidumbre alta
La tercera pata de la asequibilidad es la seguridad, entendida como la estabilidad en el tiempo del salario y la probabilidad de mantenerlo. En Canarias, las tasas de empleo –la proporción de personas ocupadas sobre la población de 16 años y más– han descendido desde 2008 y se sitúan sistemáticamente por debajo de la media española. Las diferencias por género siguen siendo claras, con tasas de empleo más altas en los hombres. Las brechas por edad también resultan preocupantes: jóvenes y mayores de 55 años soportan niveles de ocupación sensiblemente más bajos.
La formación actúa como un auténtico cortafuegos frente al riesgo de exclusión. A mayor nivel educativo, mayor probabilidad de estar ocupado, un patrón que se replica igualmente en el desempleo: las tasas de paro en Canarias, superiores a la media española desde los años setenta, golpean con más fuerza a quienes tienen menor nivel de estudios.
Son datos agregados, pero detrás de cada porcentaje hay una historia concreta: un contrato que no se renueva, un joven que no encuentra el primer empleo, una reducción de jornada que hace imposible afrontar el alquiler, un cambio de sector que no siempre encuentra encaje.
La asequibilidad no es igual para todos
En última instancia, la asequibilidad sintetiza la tensión entre salarios, precios y expectativas de futuro. Pero no es igual para toda la población. El 15º Informe sobre el Estado de la Pobreza, 2015, señala que más de la mitad de los canarios, 57%, tiene alguna dificultad para llegar a final de mes. Aún más revelador es que en 2024 el 12,4% declaraba tener muchas dificultades para hacerlo. Información que debería ser una brújula para las decisiones políticas y las estrategias de empresarios y trabajadores.
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