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Opinión | Epígrafe

Óscar Puente, la intolerancia a la invalidación

El ministro de Transportes, Óscar Puente, durante su comparecencia este jueves en el Senado.

El ministro de Transportes, Óscar Puente, durante su comparecencia este jueves en el Senado. / José Luis Roca / EPC

Me gusta decir que hay personas y situaciones que superan cualquier ficción; Óscar Puente y su comunicación política se corresponden con esa afirmación. En sus recientes declaraciones, tras el accidente ferroviario de Adamuz, ha afirmado que “cualquier comparación con Mazón es ofensiva…” Psicológicamente, su exposición pública y su relato no tienen nada que ver con el expuesto por y para Mazón, porque responde a rasgos personales casi opuestos. Que no se sienta ofendido por la comparativa, porque quizás sería positivo para su relato algún valor adicional. Las comparaciones deberían de estar casi prohibidas, especialmente porque las pérdidas de vidas humanas y el sufrimiento lo impiden. Nadie sufre más ni menos que otra persona; el dolor de cada una es único. 

La comunicación política del ministro de Transportes y Movilidad Sostenible es mínimamente identitaria y desconectada de las emociones sociales, por lo tanto de la ciudadanía. Cumple un principio básico en política: la autenticidad no se puede entrenar, es natural y aflora, ojalá fuera tan fácil desarrollarla en función del contexto. Óscar Puente lo ha intentado, ha reducido sus niveles de comunicación violenta en sus declaraciones y comparecencias, pero no ha logrado vencer su agresividad discursiva. Y nos preguntamos ¿por qué no lo ha logrado? La respuesta es muy sencilla, la autenticidad no se puede entrenar, ni los valores, ni los contravalores… Su comunicación política está deformada en la forma, y no en el fondo; y solemos entrenar el fondo y olvidamos la forma; buscamos el dato, la explicación de la asunción de responsabilidad o no, la crítica al contrario, el relato político… Finalmente, es tan contradictorio con la forma que termina siendo inocuo o ineficaz.

Sus contravalores son fuertes, y de alguna manera inundan su discurso. Ha construido una Marca Política que ahora resultó que le invadió su relato centrista, para llevarlo, sin el pretenderlo, a la frialdad de un discurso desconectado de realidad.

Los días siguientes al accidente he seguido sus declaraciones y comparecencias. En algunos momentos, inseguro; en otros, confuso, especialmente en los primeros momentos, para nuevamente, inconscientemente, volver a esa agresividad discursiva donde se siente cómodo. Una postura corporal rígida y un despliegue físico excesivamente cercano a la cámara, junto con un tono de voz que se asemeja a un despliegue defensivo más que colaborativo, lo dirigen a claves psicológicas complicadas de deshacer. La arrogancia en psicología oculta justo al polo opuesto; vulnerabilidad mal entendida, fragilidad y reducida empatía. Curiosamente habla mucho de sí mismo en momentos complejos, aunque verbaliza que no tiene tiempo para hacerlo; como ocurría en sus primeras declaraciones ante la catástrofe… Su relato no es armado, porque no hay tiempo material para reducir su polarización emocional. Muy preocupado por lo que se diga de él, la opinión periodística y todo lo publicado, según sus propias declaraciones, lo hacen inconscientemente muy vulnerable, excesivamente vulnerable. 

Refugiarse tras Juanma Moreno, un presidente de la Junta de Andalucía opuesto a él en sus valores compasivos y auténticos, le ha facilitado una modulación puntual, pero que finalmente no ha podido llevar a todo su despliegue público. Su Marca Política está vinculada a la guerra, y resultó que las circunstancias le superaron, porque le toca gestionar la paz. Cada persona, cada perfil, cada estilo de liderazgo es útil para unas circunstancias concretas, un contexto determinado y para una misión concreta… Una misión muy complicada para un soldado entrenado para escenarios opuestos.

A lo largo de los días ha mostrado el cansancio en consonancia con declaraciones constantes, políticas y técnicas. Reflexionaba en la situación de la catástrofe en Valencia y lo hago ahora nuevamente: me parece poco usual que no se nombren portavoces con preparación técnica que ofrezcan declaraciones de forma regular. Ese aspecto perjudica al cargo público, lo desgasta innecesariamente. La causa que origina ese deseo de presencia constante suele estar vinculada a la motivación de modular a la sociedad de forma partidista, pero a un coste muy alto. Recuerdo en la erupción del volcán de La Palma la figura de Morcuende; ¡qué distinto!, un lujo.

Puente cada día se muestra más cansado y, en paralelo, se tecnifica tanto el asunto que él pierde cierta credibilidad, en parte porque las investigaciones le contradicen. Hemos querido que los políticos sean pseudoperiodistas y nos hemos equivocado; ellos no están para informar, están para conectar.

Permanentemente, existe una resistencia, en general, a aceptar que otras personas minimicen nuestros sentimientos. Cuando esto ocurre desarrollamos una comunicación para ganar nuestra batalla emocional… Se inicia una lucha por desmentir los sentimientos o las sensaciones de otras personas. En definitiva, nos convertimos en intolerantes ante planteamientos que no validan los nuestros. Una forma de polarización individual.

etikpolitica.es

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