Opinión | CLAROSCURO
Saray Encinoso
La verdad ya no es lo que era

Cosas de la polarización. / Shutterstock
Era enero de 2004, yo compartía piso en un barrio de Sevilla a orillas del Guadalquivir y nunca había visto de cerca un murciélago. Hasta que uno decidió colarse por la ventana de una de las habitaciones. Aquella noche, mis amigas y yo nos pasamos horas intentando expulsar a aquel inquilino indeseado y devolverlo, con mayor o menor pericia, al parque de María Luisa, donde seguramente vivía. He contado muchas veces las herramientas improvisadas que usamos, los nervios, el cansancio y cómo, cerca de las seis de la mañana, una de mis compañeras se armó de valor, lo envolvió en una toalla -el murciélago estaba tan exhausto como nosotras- y lo llevó en volandas hasta el balcón de aquella sexta planta.
Lo he contado tantas veces que uno de mis mejores amigos, Luis, está convencido de que él también estuvo allí. Todavía hoy, más de 20 años después, defiende su papel protagonista durante aquellas horas. La escena vive en su cabeza y, por mucho que los testigos aseguremos lo contrario, en su memoria esa historia le pertenece.
Me he acordado de esta anécdota pensando en cómo ha cambiado la verdad. Nunca he creído que exista una única verdad, pero sí creo que hasta hace no tanto habitábamos un mundo en el que compartíamos ciertos consensos básicos sobre los hechos. Hoy hablamos mucho de los peligros de la polarización, de cómo cavamos cada día trincheras más profundas desde las que disparar opiniones y de que la tibieza parece no ser una opción, sobre todo entre los tuyos, que te exigen significarte constantemente. Sin embargo, aun sabiendo que esas zanjas nos dañan, lo que más me inquieta es algo distinto: la sensación de que ha dejado de existir un árbitro común porque ya no estamos jugando el mismo partido.
No quiero vivir en una burbuja donde todos pensemos igual. Quiero poder cambiar de opinión, afinar mis juicios, equivocarme incluso. Pero ¿qué ocurre cuando se discuten verdades científicas sobre las que se han articulado nuestras sociedades? ¿Qué pasa cuando hay tantas personas que se sienten excluidas y construyen su verdad en función de lo que esta dice de su identidad?
La politóloga Máriam Martínez Bascuñán lo explicó con claridad en una entrevista a propósito de su ensayo El fin del mundo común: Hannah Arendt y la posverdad: «El problema ya no es la verdad empírica, el problema es la autoridad de la fuente. Eso es lo que se ha erosionado. Hay un problema generalizado con esos guardianes invisibles o instituciones que sostenían los consensos que hacían posible la conversación, desde la autoridad científica hasta la academia o los medios tradicionales. Y esto no se soluciona con un fact checking».
Para Luis, ni yo ni el resto de mis amigas éramos una fuente autorizada para decirle lo que él había vivido o no aquella noche de enero. A fin de cuentas, quién no se ha adueñado de un recuerdo ajeno. Lo que no vi venir fue a miles de personas abrazando verdades alternativas únicamente porque se reconocían en ellas. Creo que todavía nos cuesta aceptarlo. Quizá por eso seguimos creyendo que podemos rebatir esos mundos desde los hechos, como si no hubiéramos asumido que hoy la fe vive su época dorada: con herramientas tecnológicas capaces de suplantar cualquier rostro o cualquier voz, ya no hay batalla posible en el terreno de la prueba. La verdad, hoy, es identitaria. Y ese es el gran drama de nuestro tiempo.
- Multado con 200 euros y la pérdida de 4 puntos por llevar la baliza V16 pero realizar este gesto tan habitual al volante: la Guardia Civil vigila a los conductores tinerfeños
- El BOE lo hace oficial: se suspenden los desahucios y se limita la protección a los propietarios canarios
- Canarias cambia la ley para evitar que los rescatados por negligencias se vayan de rositas
- La primera guagua circular de Puerto de la Cruz empieza a rodar
- El Gobierno central autoriza la finalización del puerto de Granadilla
- Muere Sergio Hanquet, referente de la fotografía submarina en Canarias y custodio del 'gran azul' de Arona
- Un coche sin frenos deja siete heridos en una terraza en La Salud, en Tenerife
- Las entrañas del Teide emiten una vibración nunca antes detectada