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Opinión | A babor

¿Qué tiene Aldama contra Torres?

Aldama vincula un sobre que le dio Delcy Rodríguez de PDVSA con la financiación del PSOE

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Desde que Víctor de Aldama decidió hablar –primero ante la Guardia Civil, luego ante el juez y, entre medias, ante todos los micrófonos disponibles– hay un nombre que aparece de forma recurrente, casi obsesiva, en su relato: el de Ángel Víctor Torres. No ocurre lo mismo con otros ministros, ni con otros dirigentes socialistas de peso, ni siquiera con responsables políticos que, objetivamente, tuvieron más capacidad de decisión en los asuntos que investiga la Audiencia Nacional. Aldama insiste siempre en Torres. Y eso, como mínimo, merece una reflexión.

Porque una cosa es que Aldama esté tratando de salvarse, de negociar su situación procesal o de ajustar cuentas, y otra muy distinta es su fijación con Torres. El empresario ha citado a Torres una y otra vez, con más insistencia en relación con el caso Hidrocarburos, refiriéndose a reuniones, a intereses compartidos, a depósitos fiscales de petróleo en Canarias. No ha hecho lo mismo con ningún otro miembro del Gobierno Sánchez. Y eso solo parece indicar una de dos cosas: o existe alguna conexión o implicación directa que aún no conocemos, o lo que hay es un motivo personal o político para explica ese empeño.

No hay constancia de una relación intensa entre Aldama y Torres. Lo que sí hay es cierta coincidencia entre intereses y personas, siempre a través de Koldo y sus negocios: mascarillas, test, Plus Ultra, hidrocarburos… En este asunto, donde ayer Aldama volvió a señalar a Torres sin pruebas, el comisionista ha declarado que hubo reuniones entre Koldo García, Manuel Salles y Torres para hablar de hidrocarburos. Sabemos también que Torres nunca ha negado de forma tajante que se reuniera con empresarios del sector energético. Al contrario: su respuesta ha sido siempre ambigua. Ha dicho que no recuerda si esas reuniones se produjeron, o que no recuerda a determinadas personas concretas. Una fórmula defensiva legítima, pero que deja espacio a la sospecha, especialmente cuando otros encuentros sí están acreditados.

Porque el vínculo probado de Torres con Koldo no es una invención de Aldama: Koldo fue el hombre de confianza del ministro Ábalos, y Torres mantuvo con ambos una relación muy fluida durante su etapa como presidente canario. En el caso mascarillas, Torres intervino personalmente para facilitar gestiones que beneficiaron a Koldo y su tinglado. En el caso Plus Ultra, hizo que su Gobierno contratara a esa aerolínea para el traslado de material sanitario, una decisión que hoy sabemos estuvo rodeada de presiones y de intereses cruzados. Todo eso dibuja un patrón político, no necesariamente delictivo, pero sí muy revelador: Torres ha tendido a apostar por personas que consideraba parte del círculo interior de Moncloa. Koldo lo era. Aldama, en su momento, también lo parecía: un empresario que presumía de sus contactos con Begoña Gómez, se presentaba como «el amigo de la presidenta», como el intermediario capaz de abrir todas las puertas. Torres no inventó ese ecosistema, pero se movió cómodamente en él. La carrera de Torres se construye principalmente como hombre de Pedro Sánchez. Fue Sánchez quien decidió que fuera candidato a la presidencia del Gobierno de Canarias. Fue Sánchez quien lo mantuvo como referente del PSOE canario. Y fue Sánchez quien lo rescató para un ministerio clave cuando se quedó políticamente colgado en las islas. No hay nada extraño en la férrea voluntad de Torres de agradar a su jefe Es política. Pero explica muchas cosas.

Dicho todo esto, conviene subrayar que a Aldama no ha logrado presentar –al menos hasta hoy– la más mínima prueba de que Torres haya participado en una trama de corrupción relacionada con hidrocarburos. Esa prueba no está ni en los informes de la UCO, ni en las decisiones del juez, en sus autos. Que en Canarias se hablara hace años de establecer depósitos fiscales petroleros como oportunidad de negocio es cierto. Que esa oportunidad diera lugar a reuniones exploratorias, parece lógico, y Torres ni lo afirmas ni lo niega. Simplemente, no se acuerda. Que Torres no haya negado categóricamente esos encuentros formaN parte del terreno de la política, no del delito. Hablar de refinerías, de depósitos de petróleo o de oportunidades logísticas tampoco lo es. Cualquiera puede hacerlo.

La clave no está en eso, sino en las preguntas que debemos hacernos ¿Por qué Aldama está tan enfadado con Torres? ¿Qué ocurrió para que haya decidido citarlo cada vez que puede, incluso cuando el asunto apenas guarda relación directa con la causa que se investiga? ¿Por qué ese empeño en arrastrarlo al caso Hidrocarburos, cuando ni el juez ni la Fiscalía parecen ver ahí materia penal?

Tal vez Aldama esperaba algo de Torres que no obtuvo. O tal vez se ha sentido utilizado, apartado o sacrificado cuando el cerco judicial empezó a cerrarse. Tal vez Torres eligió cortar amarras con los «mosqueteros» de Aldama, y eso es algo que el empresario no le perdona. No lo sabemos. Pero el rencor suele ser un motor poderoso. Por eso, la pregunta relevante no es si Torres se reunió o no para hablar de hidrocarburos. La pregunta es por qué Aldama insiste tanto en que creamos que sí ocurrió.

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