Opinión | En el camino de la Historia
JUAN JESUS AYALA
Responsabilidades fallidas

El ministro de transporte griego, Kostas Karamanlis. / EP
En cualquier situación crítica que acontezca, donde la desgracia y la existencia se encuentren comprometidas, no deja de aparecer, de manera súbita, la asunción de la responsabilidad del político de turno; así como la notificación que sobre lo ocurrido se hará con la máxima trasparencia. Reafirmando el paradigma inamovible de las frases rutinarias y lastimeras de rigor.
Responsabilidad, como demuestra la evidencia, es una especie de balbuceo que se generaliza por lo significativa, dándole un alto valor político, que no trasciende y se diluye en la propia palabra que engloba tanto a las convicciones como a los principios.
Responsabilidades que no caminan, no abren espacio a la realidad como si se emboscaran enquistadas en la oscuridad del tiempo que trascurre, pasa y pasa, quedando todo igual, estático.
Ni siquiera desde una posición, como manifiesta Max Weber, sea la de la ética de la responsabilidad donde se asuman las consecuencias que tengan las decisiones y las repuestas dadas. Tanto la personal y política acorde a la situación de poder que se tenga dentro del ámbito y gestión de cada cual.
Kostas Achileas Karamanlis, ministro griego de Infraestructuras y Trasportes del gobierno griego, tras el accidente de trenes en febrero de 2023 que costó la vida a 57 personas, a las pocas horas cesó como ministro del gabinete griego, compareciendo sin ambages y cortocircuitos verbales ante los medios públicos, diciendo: «que lo mínimo que había que hacer para honrar la memoria de las víctimas era dimitir por responsabilidad y convicción» .
Sin embargo, en el escenario del gran apagón eléctrico de 28 de abril de 2025 que dejó sin luz a todo el país; como el desgraciado accidente de los trenes, todos los responsables se quedan enredados en justificaciones que no dejan las cosas en su sitio, aparcándolas en situaciones imprevistas que no fueron previstas por responsabilidad a su debido tiempo.
Por otro lado los alegatos, ruedas de prensa no han cesado dándole vueltas y más vueltas cuando, la responsabilidad la acomodan en una palabra atrapada, angustiosa como si fuera una víctima más y sin ningún tipo de acción. Alejándose de lo que enfatiza nuestro recordado profesor, Emilio Lledó : «somos lo que hacemos, ya que este hacer es la condición fundamental que define el sentido del comportamiento».
La política con sus actores ante estas tragedias deberían tomar nota que las palabras en los momentos de confusión y aun sin saber su causa, deben estar enmarcadas en la cautela. El respeto a las víctimas debe ser máximo, no facilitar el enredo de las palabras, y darle la veracidad de las buenas intenciones, pero que no pasan de ahí.
Es histórico, no es novedad, pero el político debe ser el primero que tiene que estar cansado de transitar por este escenario más o menos de camuflaje, que alejado de la elegancia y la acción debe instalarse en la sencillez, ajena a la complicación y al despiste. Huyendo de las responsabilidades fallidas.
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