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Opinión | Reflexión

Hamnet Shakespeare y ‘la cuestión’

La actriz Jessie Bucley en una escena de 'Hamnet'.

La actriz Jessie Bucley en una escena de 'Hamnet'. / EPC

Quién no ha sentido la duda de «si hubiera estado o actuado así… las cosas serían diferentes». Una cuestión que viene de muy lejos y que nos visita ocasional o asiduamente como rumiación.

Perder a un hijo, y si se hubiera podido evitar, puede convertirse en una cicatriz que ilumine nuevos caminos o que nos encadene a un callejón sin salida. Y esta frase nos podría conectar con la experiencia real que vivieron el matrimonio de Agnes Hathaway y William Shakespeare, al perder en 1596 a su hijo Hamnet con 11 años (cuando el padre no estaba presente).

Ese trágico suceso en la vida del matrimonio Shakespeare estaría en el origen de tres obras artísticas con éxito internacional. Una es la tragedia clásica de Hamlet que escribió el propio padre del hijo fallecido, otra es la novela de Maggie O´Farrell titulada Hamnet (Libros del Asteroide, 2021), y la tercera es la película recién estrenada de la gran directora Chloé Zhao, también con el mismo título del hijo, Hamnet (2025).

La segunda obra citada de Maggie O´Farrell sobre la familia Shakespeare es una novela llena de lenguaje sensorial a través de Agnes, la madre de Hamnet, que posee una capacidad de ver, oír y palpar, además de oler y saborear, fuera de lo común. Un tipo de alta sensibilidad e intuición transtemporal que ha existido siempre en algunas personas y se ha denominado desde la Antigua Grecia como epopteia, y más actualmente conciencia expandida (J.L. Fericgla; N. Romón). Tal vez, sea un prototipo extremo de PAS. El personaje de Agnes, tan invisibilizado hasta ahora, es uno de los mayores atractivos de la novela, y también en la película de Chloé Zhao, basada en la citada novela, aunque muy resumido, pero con una interpretación de Jessie Buckley, como la madre, que merecería más premios. La película suma más emoción a la novela, con la banda sonora de Max Richter y la iluminación naturalista de Lukasz Zal.

De la primera obra citada antes, Hamlet (Penguin, 2025) de William Shakespeare, se la suele recordar por un fragmento famoso, cuando el protagonista Hamlet dice: «to be, or not to be: that is the question»; Aunque, si Shakespeare basó esa tragedia en la deconstrucción del duelo por la muerte de su hijo (S. Greenblatt), la primera frase «ser o no ser, de eso se trata;» (págs. 128-129), tan popular pero tan abstracta, sería tal vez más asimilable como –estar o no estar, o actuar o no actuar–, por lo que nos dice Hamlet a continuación: «si para nuestro espíritu es más noble sufrir las pedradas y dardos de la atroz fortuna / o levantarse en armas contra un mar de aflicciones / y oponiéndose a ellas darles fin». Y así, esa ‘cuestión’ clave de Hamlet se conectaría mejor con el contrafactual cognitivo comentado antes de «si hubiera estado o actuado así …», con el que a veces querríamos «intervenir en el pasado» para cambiarlo, cuando es causa de males, o para conservarlo, cuando es causa de bienes, como en la serie de TVE El Ministerio del tiempo del maestro Javier Olivares Zurilla.

Aunque, actualmente esa cuestión o duda, sea ocasional o rumiación, sobre el tiempo pasado tiene muchos detractores que enarbolan su frase fetiche del tiempo presente: «lo que sucede conviene». Pero, ante la cual nos preguntamos si también conviene lo que sucede afuera como los genocidios, las guerras o presidencias de gobierno delictivas… Entonces, para el «futuro que conviene», ¿en qué tiempo estar y actuar?

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