Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión | Retiro lo escrito

Visita papal

El papa León XIV.

El papa León XIV. / VATICAN MEDIA HANDOUT / EFE

Los papas realmente interesantes eran los de antes. Los actuales, en cambio, son figuras más bien pálidas, aunque con Juan XXIII se abrió un camino para el diseño de pontífices característicos en la época de la reproductibilidad técnica, que diría Walter Benjamin. El propio Juan XXIII fue el papa del pueblo llano. Pablo VI un papa escindido entre un mundo velozmente ateo y unas dudas angustiosas sobre la propia modernidad. Después de un recatado asesinato llegó el mayor éxito: Juan Pablo II. Lo tenía todo: un reaccionario procedente de un país comunista, un atleta políglota, un superviviente de un asesinato casi perfecto, dulce y amable pero capaz de echarle una bronca fulminante a un ministro comunista, un anciano instalado durante sus últimos años en el dolor extenuante pero que no soltó la tiara hasta el mismo instante de su muerte. Después de tamaño exceso aparecieron un ambicioso teólogo alemán, tan brillante como tenebroso, y un peroratante cura argentino que posaba como progresista pero lo era tanto como el teólogo.

Después de mucho tiempo los católicos tienen como líder espiritual a un papa funcionarial, aburrido e irrelevante, que decidió llamarse León XIV. Mala suerte para Canarias, que supuestamente recibirá una visita de Su Santidad antes del verano. Imaginar a Juan Pablo II besando el suelo isleño al llegar a los aeropuertos canarios –tras pagar el correspondiente canon a AENA– es emocionante. ¿Y disfrutar de Francisco mandándose un sancocho y una cuarta de vino? ¿Por qué siempre tenemos que llegar tarde? Los políticos deberán resignarse al soso de León XIV, que sonríe como un instructor de pilates cuando te explica el jackknife. En fin, un papa de visita es un papa de visita, aunque como figura internacional del espectáculo se haya devaluado desde el pasado año. Seguro que la gente sale a la calle. Tal vez un poco menos de lo que sospechan los organizadores. Casi me conformo con que no fallezca nadie aplastado cuando León XIV vaya a visitar a la Virgen del Pino o a la Virgen de Candelaria. Somos un país más o menos a escala de los seres humanos, un paisito preparado para mortales sin relaciones privilegiadas con Dios, salvo casos como los de Wolfgang Kiessling o Miguel Ángel Ramírez. Es realmente difícil meter aquí papas o carriles bici.

Me temo que los más entusiastas se llevarán una decepción. Ya nada es lo que era. Fue precisamente Juan Pablo II quien devaluó las visitas papales a fuerza de visitar con gran fanfarria hasta San Marino. Y no es solo eso, sino la transformación vertiginosa de los media y las nuevas formas de socialización de la información. Nada es capaz de captar la atención de alguien más de medio minuto. Minuto y medio como máximo si el contenido es excepcional. Tres o cuatro días después de que el papa haya regresado a Roma nadie recordará el extraordinario suceso y las fotos e imágenes se subirán a la nube y toda esta retahíla será recordada una vez más en los resúmenes informativos de 2026 y ya. Seguirá ocurriendo lo mismo con los migrantes, el Gobierno central continuará vacilándose con el traslado de migrantes menores y con el reconocimiento a los refugiados, la Unión Europea se atrincherará con más miedo y elevará todavía más los muros y en las ínsulas baratarias, como en el resto del país, aumentará grotescamente la intención de voto a Vox. Los discursos de un papa son tan salvíficos como los que se pronuncian en la carrera de San Jerónimo o en la calle Teobaldo Power. Y he escuchado ya demasiados discursos. Un papa, por lo demás, no puede evitar los discursos intensitos. No cabe imaginar un papa chistoso con una vocación hacia el humorismo. El papa dirige la Iglesia Católica como un CEO vitalicio y al mismo tiempo forman parte de su merchandising y tiene que meterle patetismo al producto. Es un cansancio. Ya lo dijo Oscar Wilde, que fue recibido en audiencia por el papa que le tocó: «El catolicismo es una religión de santos y pecadores, para la gente respetable basta la Iglesia Anglicana». Deberíamos haber sido anglicanos, gente respetable, y sin tener que soportar ninguna visita.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents