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Opinión | El recorte

Al borde del infierno

Trump amenaza a Canadá con un arancel del 100 % si firma un acuerdo comercial con China

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Mucha gente en el mundo aplaudió a Trump cuando le declaró la guerra al imperio woke. Pero la deriva autoritaria del presidente norteamericano asusta. Ha llegado a sugerir, medio en serio, la idea de «suspender» las elecciones de noviembre, las de medio mandato, de las que saldrán 35 nuevos miembros del Senado, porque prevé un triunfo de los demócratas. Que un presidente especule con cargarse elecciones por miedo a un impeachment de la oposición es preocupante.

El derecho internacional no existe. Recuerden la invasión de Irak. O la operación en Libia que acabó con la cruel muerte del dictador Gadafi ejecutado a manos del populacho enfurecido. O la ejecución de Bin Laden en su propia habitación en una casa en Pakistán, retransmitida en directo desde los cascos de las fuerzas especiales para que lo viera en una lejana pantalla el premio Nobel de la Paz, Obama. Lo único que ha cambiado es la beligerancia de Estados Unidos con sus viejos aliados europeos. Y la agresividad de un presidente con un carácter imprevisible, capaz de confundir Groenlandia con Islandia.

Pero más que lo de fuera, lo preocupante es lo que está sucediendo dentro. La brutal represión contra la inmigración ilegal se ha convertido en licencia para matar. Grupos de matones armados y enmascarados forman las fuerzas del ICE, la nueva policía de migración norteamericana. Y sus actuaciones han traspasado todos los límites. Hace solo unos días, en Minneapolis, un ciudadano norteamericano de 37 años, enfermero, fue reducido violentamente por al menos seis gorilas. Pero como se siguió resistiendo recibió diez disparos cuando estaba en el suelo, con la excusa de que portaba un arma, que ya le habían quitado. Trump ganó las elecciones con la promesa electoral de echar a los migrantes ilegales. Pero lo que está ocurriendo va mucho más allá. Son ejecuciones desproporcionadas, insoportables y gratuitas.

Los paramilitares de los ayatolás acudieron a los centros hospitalarios iraníes –según el espeluznante relato de algunas fuentes– para inyectar aire en las venas de los manifestantes heridos en las protestas, que se encontraban hospitalizados, matándolos en sus propias camas. Esa crueldad no es tan distinta a la de dispararle a la cara a una mujer desarmada –«maldita perra»– al volante de su coche. O a que seis tipos, más que suficientes para reducir a una persona, acaben disparando diez veces a un ciudadano norteamericano que les estaba grabando.

Civil War (Guerra Civil) es una película dirigida por Alex Garland que se estrenó en 2024. Cuenta el viaje de unos periodistas norteamericanos por un país asolado por una brutal guerra interna. Y echando un vistazo a lo que está ocurriendo en Estados Unidos ya no se puede decir que se trate de una distopía de ciencia ficción.

No olviden que los ciudadanos norteamericanos son un pueblo armado. No se han dejado robar por el Estado el inalienable derecho a defenderse a sí mismos. Un día alguien empezará a disparar contra esas autoridades que les asesinan fríamente. Y así se abrirán las puertas del infierno en la primera democracia del mundo. Algunos dirán que Donald Trump es el anticristo. Antes me habría reído.

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