Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión | Retiro lo escrito

La extraña alianza

Donald Trump publica una foto de Maduro esposado y con los ojos tapados a bordo de buque de EEUU en su red social de BlueSky.

Donald Trump publica una foto de Maduro esposado y con los ojos tapados a bordo de buque de EEUU en su red social de BlueSky. / EFE

Dos días después de la extracción de Nicolás Maduro de Caracas para terminar en una prisión federal de Estados Unidos paseaba yo con un amigo por las calles de mi ciudad, y cada pocos pasos un venezolano - la encargada de una pastelería, un camarero, el profesor de una academia privada, la dueña de una tienda de sastrería de urgencia - nos saludaban emocionados. Alguno, incluso, tenía los ojos llenos de lágrimas, como yo.

Mi amigo -una persona excelente - estaba francamente asombrado. «Lo que ha pasado es una acción ilegal de Estados Unidos que viola la soberanía de un país y secuestra a su jefe de Estado a balazos». Yo ni siquiera me molesté porque mi amigo no se enterase de nada. Pero he visto repetir esa actitud docenas de veces en las últimas semanas.

Es una combinación asquerosa de ignorancia supina con unas gotitas de racismo y aporofobia. Uno debe ser moral e intelectualmente muy estúpido para no celebrar la caída de ese mojón de dos metros llamado Nicolás Maduro. A ver si se enteran: nos trae absolutamente igual quien arrastró fuera de Venezuela a un criminal usurpador que, con sus compañeros mafiosos, ha llevado al país a la ruina, al enfrentamiento interno, a la diáspora de más de siete millones de personas por América y Europa (más de 80.000 en Canarias).

Como servidor escribió antes de que Maduro se fuera al carajo, del que espero que no salga en el próximo cuarto de siglo, el gobierno republicano en el exilio maniobró en bastantes cancillerías de las potencias aliadas para que se derrocara a Francisco Franco, para lo cual, obviamente, resultaba necesaria una intervención militar.

Solo consiguieron la resolución de la ONU de diciembre de 1946 en la que se condenaba a la dictadura franquista. Juan Negrín, todavía jefe del Gobierno en el exilio, mantuvo contactos con Charles de Gaulle y gente de su entorno sobre la oportunidad de una incursión militar para acabar con el franquismo, por entonces, a mediados de 1945, un régimen muy comprometido con la Alemania nazi y la Italia fascista.

Como se entenderá fácilmente cualquier acción militar durante o después de la Segunda Guerra Mundial hubiera significado aún más destrozos en un país devastado y más muertos donde ya se había enterrado a cientos de miles de personas. Pero todos los dirigentes republicanos (de Giral a Negrín) apostaron correctamente por la intervención en España, militar y violenta si era preciso.

Extrañamente lo que era aplicable a Francisco Franco no lo es para Nicolás Maduro. El chavismo no puede ser comparado con el franquismo. Los venezolanos deben aguantar una dictadura feroz, pastoreando indignidades y miserias, o renunciar a su país y tomar el camino del exilio.

Cualquier cosa menos el pecado nefando de sentir alivio al liberar Donald Trump a Venezuela del miserable de Nicolás Maduro. Lo peor de la operación estadounidense no ha sido secuestrar al presidente falsario y corrupto. Lo que ha ocurrido era impensable: que Estados Unidos pretendiera explotar el petróleo y otras materias primas venezolanas, amén de suprimir la presencia china, a través de la mismísima dictadura montada por Chávez y perpetuada por Maduro.

«El socialismo del siglo XXI es una elaboración política absolutamente novedosa como hija de su tiempo histórico», escribió Chávez. Y tanto. El primer régimen socialista contratado por Washington para cumplir su agenda. El sector de Delcy Rodríguez busca tiempo para articular el relato y avanzar la estrategia de una transición lenta hacia el poschavismo sin perder el poder.

El sector de Diosdado Cabello quiere tiempo para resistir y al cabo boicotear cualquier intento de deschavización, bloqueando cambios y manteniendo el orden interno de familias y tribus de poder en las fuerzas armadas y en el PSUV.

La situación es, por tanto, muy delicada, y se vive como un ejercicio de equilibrio cada vez más tenso, más crispado, más peligroso. Nicolás Maduro está bien donde está. La pregunta es dónde está y estará Venezuela bajo esta alianza delirante entre la extrema izquierda venezolana y la extrema derecha estadounidense que coinciden - eso sí -- en aniquilar un país y castigar a sus ciudadanos.

Tracking Pixel Contents