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Opinión | Análisis

Euforia imperialista de Trump

Archivo - Una mujer protesta en Groenlandia contra la presencia de EEUU

Archivo - Una mujer protesta en Groenlandia contra la presencia de EEUU / Europa Press/Contacto/Peng Ziyang - Archivo

Tras hacerse con Venezuela, Trump, además de mirar hacia Colombia, Cuba y México, ha rebajado sus pretensiones sobre Groenlandia, y de amenazar con comprarla con sus 57.000 habitantes por las buenas o por la fuerza de las armas pasó el miércoles a un acuerdo con el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, con el compromiso de este de reforzar la seguridad en el Ártico excluyendo la explotación de minerales. Menos mal que el mundo occidental, estremecido, algo ha reaccionado, siendo la Europa unida la que obligó a Trump a dar marcha atrás, pues ya se sabe que su estrategia consiste inicialmente en tirar mucho para arriba para luego bajar según la fortaleza o debilidad del contrario.

Cuando Trump amenazaba atacar Venezuela, pocos creían que lo hiciera a pesar del enorme poderío militar visible en sus alrededores. Y, en un visto y no visto, militares norteamericanos tocan a la puerta del dormitorio de Maduro, lo levantan junto con su compañera Cilia Flores, y, con lo puesto, los llevan a una prisión de Nueva York gracias a una connivencia interna. Lo cierto es que en esa operación mueren acribillados a tiros unos cien militares y escoltas cubanos y venezolanos, y ni un solo norteamericano, tal como la CIA tenía previsto porque sabía que no habría resistencia del ejército venezolano y la guardia cubana.

El presidente del país más poderoso del planeta ha manejado a su antojo e interés un proceso que celebran quienes están muy de acuerdo con encarcelar a Maduro, pero que rechazan los seguidores de este y quienes consideran que se ha burlado el derecho internacional humanitario. Trump sirve en bandeja Venezuela como país de gran poderío petrolífero, adelantándose y dejando con la boca abierta a China, Rusia y a la aspirante Corina Machado, que se queda descompuesta viendo presidenta encargada a la vicepresidenta Delcy Rodríguez, que se entrega a Trump y a todo lo que le ordene, mientras este advierte que su control sobre Venezuela va para años, y cita a Corina para almorzar y decirle que ahora no es su momento, que «quizá algún día» habrá elecciones en Venezuela, equivocándose Corina adulando a Trump regalándole el Premio Nobel de la Paz a sabiendas de que eso no es posible. El bombardeo de Estados Unidos sobre Caracas no es el único. En el año 2025 ahí están, además, Irán, Yemen, Siria, Irak, Afganistán, Somalia y Nigeria, sin entrar en si tiene razón y derecho a hacerlo, o no, pues en algún caso hasta pudiera estar justificado, como en Irán, por ejemplo, para impedir la horca de jóvenes manifestantes.

Cierto es que tras el rapto de Maduro se están liberando presos políticos, españoles incluidos, uno de ellos el periodista canario Miguel Moreno, lo cual celebro, aunque sea a cuenta gotas, para desespero de quienes esperan a las puertas de las cárceles, contemplando, atónitos, cómo sobrevive el régimen de Maduro.

Venezuela es un caso más de la historia imperialista de Estados Unidos, basada en una excusa económica, estratégica o en su lucha contra el comunismo, apoyando golpes de Estado, lo que debemos tener muy presente. Todo comenzó en 1823 con la doctrina Monroe sentando las bases para dominar América y el Caribe.

De ahí su intervención para el control del canal de Panamá, la lucha contra Sandino en Nicaragua, el golpe de la CIA en Guatemala, la fallida invasión de Cuba por Bahía Cochinos, el apoyo al golpe de Pinochet contra Allende en Chile, o a los planes del general Videla para acabar con Isabel Perón y exiliar a dos millones de argentinos. Sus intervenciones se han producido también en República Dominicana, México, Haití, Filipinas, China, Granada e Irak.

Y si bien es de agradecer su oportuno desembarco en Normandía contra la Alemania nazi en la Segunda Guerra Mundial para defender la democracia y el orden internacional frente al fascismo, cierto es que, de paso, también lo hizo para asegurar sus intereses económicos y comerciales y garantizar su seguridad en el contexto del equilibrio mundial, de tal manera que ahora dispone de unas 800 bases militares en unos 80 países, dos de ellas en España con unos 3.300 militares.

La alarma que ha producido en todo el mundo civilizado la intrusión de Trump en Venezuela está generando muchas iniciativas pacíficas para frenarlo, si bien, visto lo visto, quien único puede hacerlo es Estados Unidos.

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