Opinión | Retiro lo escrito
El meme tiránico

El presidente de EEUU, Donald Trump, interviene en el Foro Económico Mundial de Davos. / Europa Press/Contacto/Lian Yi
Cuando voy a escribir sobre Donald Trump me ocurre lo mismo que a Pablo Rodríguez Suanzes y a otros periodistas: me siento incómodo. Porque cualquier definición político-ideológica de Trump acaba siendo insatisfactoria. Por supuesto que existen aproximaciones conceptuales y vamos tirando: fascista, posfascista, populista de derecha radical, reaccionario social patriota, incluso una suerte de peronista de ultraderecha. Y no es un bizantino debate terminológico. Es saber de lo que estamos hablando y desde ahí llegar a un consenso básico sobre lo que está ocurriendo, cuál es la dirección estratégica del trumpismo, cómo podría describirse su modelo social y su perspectiva regresiva de las relaciones internacionales.
Cumplido un año de su segundo mandato Trump ha causado un enorme efecto disruptivo en los Estados Unidos y en el mundo, pero todavía puedes escuchar a gente –por lo general mal informada– que cree que todo acabará muy pronto; como mucho, dentro de tres años. Es una imprudencia bastante naif, porque los trumpistas ya están inventando fórmulas: desde que el Supremo se pronuncie sobre la enmienda 22ª de la Constitución y dicte que la misma se refiere a dos mandatos consecutivos hasta que el candidato en 2028 sea un J.D. Vance que elija a Trump para su ticket y una vez ganadas las elecciones, dimita: Trump volvería a la Presidencia y una vez juramentado, designaría a Vance como su vicepresidente. Hace apenas seis meses estas propuestas parecían fantasías; hoy ya no se antojan tan chifladas, visto lo que ha dicho y hecho Trump en estos convulsos meses. Uno tiende a creer que si el presidente octogenario goza de una salud relativamente buena lo intentarán sin duda. Es necesario tiempo para asentar un régimen que haya neutralizado todos los contrapesos y la autonomía institucional del sistema político estadounidense.
Porque básicamente se trata de transformar (demoler) política y administrativamente la república hacia un autoritarismo competitivo en el que el presidente concentre poderes ejecutivos, legislativos y judiciales, desmantelando el Estado desde dentro en todo lo que no sea necesario para potenciar el control sobre una ciudadanía que ya no merecería ese nombre, imponiendo un tecnocapitalismo sin fiscalización ni límites sociales y mediombientales en su reproducción y expansión indefinidas. Incluso la vigilancia de la disidencia se puede privatizar. Supuestamente esos serían los objetivos centrales pero se desarrollarían a través de la personalidad y la acción política de Trump y su terrible camarilla. Y el presidente es muy eficaz en medio de su payasismo, su grosería miserable, su logomaquia enfermizamente narcisista, su ignorancia abisal. Porque Trump nos fascina, nos atrae como una hipnótica serpiente, nos hace reír o nos provoca náuseas de indignación. Trump es voluntaria y hasta esforzadamente un meme. El meme anaranjado de un tirano, un chiste inacabable, un personaje de televisión múltiple, malvado, paternal, gracioso, ingenioso, lerdo, botarate, repulsivo, arrogante, mal maquillado y peor peinado. Trump es perfectamente funcional en relación a lo que persiguen aquellos que le financian y cuyos intereses protege ora como policía bueno, ora como policía malo. No invade países (aún): invade semánticamente la actualidad. Cada día ametralla con titulares escandalosos, propuestas inaceptables, amenazas matonescas y chantajes mafiosos. Es imposible replicarle. En realidad lo único que cabe hacer frente a Trump es algo que se les ha olvidado a los europeos: política y geopolítica. Como ha dicho Mark Carney, tomarse en serio la ruptura con Estados Unidos y explotar nuevos movimientos, nuevas alianzas, nuevos acuerdos bajo el signo del pragmatismo y los valores democráticos. Pero eso tiene un coste. Un coste elevado en términos de bienestar, cohesión social, institucionalidad, gobernanza, inversión en defensa y seguridad. No es nada seguro que los europeos lo entiendan y lo compartan. No es imposible que finalmente nos recriemos como trumpistas resignados.
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