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Opinión | En el campo de la historia

La problemática americano-europea

18 de enero de 2025. Fuerzas de defensa de Dinamarca desplegados en Groenlandia.

18 de enero de 2025. Fuerzas de defensa de Dinamarca desplegados en Groenlandia. / SIMON ELBECK / AFP

Los acontecimientos de Venezuela ha dejado perpleja a una gran parte del llamado mundo civilizado que ha perdido la memoria de manera súbita. ¿No recuerdan, acaso, que EEUU es el país que más ha invadido de los que sufrieron expoliaciones por parte de Gengis Kan y Napoleón juntos?

El imperio necesita sobrevivir y demostrar al mundo toda la fuerza de que es capaz para doblegarlo porque la voracidad de poseer territorios es lo importante para que persista más vivo que nunca. Los EEUU han estado por la defensa de la libertad, por la paz en el mundo y los derechos humanos, situándose en el tablero mundial en las dos guerras mundiales en paladín de la defensa de Occidente; pero ya inicia un periodo de cansancio y de compromiso.

Idéntica posición adoptarán China y Rusia, que en los dispositivos de su defensa se han erigido en poderosos sin molestarse mutuamente porque cada cual tiene su parte de la tarta territorial perfectamente ubicada; y tiempo de enfrentarse tendrán.

¿ Y Europa qué ? ¿Dónde encontrar apoyos? Difícil situación. Ya se lo ha dicho, sobre todo, el magnate norteamericano; que se las ventile por sí sola en este espacio de confusión sin saber quién está por una u otra labor. O sea, le espera el vacío y tiempo para encajar en este «nuevo orden, totalmente desordenado».

Al principio el enemigo común eran los fundamentalismos; los abusos y la práctica en contra de un utilitarismo facistoide donde el fin justificaría los medios. Pero en este desorden hasta psicopatológico no existe nada peor que disociar la realidad de la ficción y padecer grandes delirios de grandeza; así como haberse sentido poderoso y notar, ahora, que los pies flaquean, que el poder se sostenía por la fuerza de otros que se han cansado de cargar con viejos argumentos.

Y llega «la caída» como relata en su novela Albert Camus, hoy tan actual como entonces. «Nos encontramos con la desesperación del hombre contemporáneo en un mundo dominado por el absurdo y forzado a descubrir tras las ilusiones de la felicidad y la virtud la dureza inclemente de una realidad hostil».

De ahí que no existe nada peor cuando las palabras dejan de medirse, desapareciendo el temor a su uso y la controversia se discute en un espacio que siendo dialéctico se parece más a la dialéctica de las pistolas que a otra cosa. Esta sustitución de la palabra atinada por una terrible metáfora ha dejado siempre lugar a la barbarie.

Pero por ambos lados, donde los intereses económico-comerciales mandan ejerciendo de disfraz ante problemas irreductibles en el tiempo, que llevan a situaciones desagradables donde la trampa y el cartón forman parte de un lenguaje encriptado, donde el respeto mutuo de los pueblos ha desaparecido, convirtiéndose en una trampa de sí mismos. Por lo que si se habla en defender el orden internacional se ha llegado tarde; es un terreno baldío que lleva tiempo sin cultivarse. Europa en este escenario se ha limitado a ejercer de actor pasivo , cuyo trabajo ha consistido levantar acta de lo que se ve y oye. Como si fuera un testigo mudo de una historia mal contada.

Europa ha llegado tarde y mal. Sin una posición coherente, firme y unida con discrepancias mutuas que no allanan el terreno sino que lo enconan y complican aún más, si cabe.

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