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Opinión | El recorte

Echando chispas

Central Eléctrica de El Palmar, en la isla de La Gomera.

Central Eléctrica de El Palmar, en la isla de La Gomera. / E. D.

Canarias está en emergencia energética. Entre otras emergencias. Porque aquí todo parece estar como esas puertas preparadas para salir por patas. Hasta antes de ayer, como quien dice, estábamos en emergencia climática por la ola de intenso calor y la sequía. Ahora los calentólogos están descolocados, porque andamos como los pingüinos, como carámbanos, con musgo creciéndonos en los sobacos.

Después de una serie de ceros energéticos, debido a que tenemos produciendo energía motores de la época de Don Pelayo y una red de transporte que parece la TF5 a primera hora de la mañana, el Ministerio de Industria y Transición Ecológica decidió convocar un concurso ‘urgente’ para instalar generadores de emergencia -más emergencia- para darle estabilidad a la red y garantizar el suministro. Fue el año pasado y aquí estamos, con las uñas sin pintar. Y lo que es peor, algunas de las empresas que ganaron ya han anunciado su intención de no realizar los proyectos en las Islas no capitalinas. Bien sea porque no les sale a cuenta o porque hicieron mal los cálculos y la inversión no es rentable. Quién sabe. Pero hay cinco islas -una de ellas La Gomera, que acaba de sufrir otro apagón- que pueden quedarse colgadas del guindo.

En Gran Canaria están tan acojonados con la situación que van a traerse un barco turco -como las telenovelas- para atracarlo en el puerto y enchufarlo a la red insular. Justo como hace más de medio siglo hacía nuestra capital con Nuestra Señora de la Luz. El pasado siempre vuelve. Es una solución tecnológica brillante, ultramoderna y, evidentemente, muy sostenible. Porque el barco flota.

El presidente del Cabildo de Gran Canaria, Antonio Morales, está en contra de estos nuevos grupos, porque consumen combustibles derivados del petróleo y su instalación puede frenar la puesta en marcha de las energías renovables. Lleva con esa matraquilla bastantes años. Con ella se opuso también a las dos regasificadoras que se iban a instalar en Gran Canaria y Tenerife, que eran más de cuatrocientos millones de inversión. Gracias a eso seguimos importando gabarras con gas licuado desde la Península, para abastecer a los barcos que tienen la peregrina idea de seguir viniendo a Canarias en tanto Marruecos, con ayudas europeas, termina de hacer su gran red de puertos -como Tángermed- para quitarnos el tráfico.

El problema es que a las renovables no las está frenando el uso del petróleo, sino la burocracia y los ayuntamientos. Los que no permiten la instalación de parques eólicos y fotovoltaicos. Y en lo que seguimos esperando que florezcan las renovables estamos al filo de la navaja de quedarnos sin luz.

El debate sobre el gas fue ya hace algunos años. Nuestras lumbreras autóctonas lo descartaron, porque el único combustible que aceptaban para el futuro eran las energías no contaminantes. El futuro ya llegó, pero las renovables no . Y en las dos grandes centrales térmicas de Canarias se siguen quemando fueles malolientes que emiten a la atmósfera más de cuatro millones de toneladas de CO2. Hay días en que no estamos a la cabeza mundial en emisiones contaminantes, pero jamás perderemos el primer puesto en el ranking de toletes.

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