Opinión | El recorte
El modelo canario

Televisión Canaria renueva los rostros del Telenoticias 1 / LP/DLP
La televisión autonómica de Canarias vino de nalgas en el parto. Nació con la feroz oposición de parte de la prensa canaria y del Gobierno peninsular. Las televisiones locales de las islas también se enfrentaron, pero eso tuvo su lógica: Madrid no quería una televisión guanche pero estaba obligada a darle las frecuencias por las que debía emitir. Y eligieron «casualmente» las que venían usando como okupas las locales. Y se cabrearon, claro.
Al resto de televisiones autonómicas tampoco le hizo gracia el nacimiento. El modelo canario estaba basado en un nuevo sistema mixto: la titularidad de la señal y el control de contenidos dependía de un ente público, con una pequeña plantilla, que gestionaba y supervisaba la programación. Y el personal y los medios materiales se aportaba por un consorcio privado a través de un concurso programa de ocho años.
En la práctica eso supuso que la televisión canaria fuera escandalosamente barata. Tanto que venía a suponer una especie de insulto, por comparación, con el resto de canales autonómicos, orondos y felices emporios donde el personal salía por las ventanas y la deuda por el techo. Esos canales hicieron todo lo posible para poner la zancadilla a la nueva ‘hermana pobre’, tan extraña, que venía a cambiar las reglas del juego y a desairarlas.
A pesar de todo y de todos, la televisión canaria empezó a emitir. La fórmula mixta funcionó. Y se convirtió en la televisión pública más barata del Estado y la única que jamás podía generar deuda. Y el llamado modelo canario fue imitado por las nuevas televisiones autonómicas de España.
Después de un cuarto de siglo la tele canaria se ha consolidado. Sus informativos han sido una ventana para que las islas se miren y se reconozcan. Y ha contribuido al desarrollo de la industria audiovisual, ayudando a generar talento, contenidos y productoras con el sello de identidad de las cosas hechas aquí.
En la pasada legislatura los partidos de izquierda boicotearon la creación de un consejo de administración. Querían controlar la tele con un director dotado con todos los poderes y las manos libres. Y lo consiguieron. Ahora, que están en la oposición, se cabrean porque el actual Gobierno quiere hacer lo mismo. Tal vez esperaban seguir mangoneándola desde fuera. Hay gente que cuando deja de estar en el gobierno sufre un arrebato de lucidez democrática y quiere cambiar las mismas reglas injustas que usaron desde el poder. Qué lucidez tan tardía.
Básicamente debido a la incompetencia de algunos, el modelo canario petó. La plantilla de la empresa privada que prestaba los servicios a la tele, que entró en barrena, acabó dependiendo de la televisión. Y el personal, ahora, lucha con uñas y dientes para quedarse como empleados públicos. O sea, lo normal. Y, tardíamente, muchos, que estuvieron inicialmente contra la tele, se cayeron del burro y defienden ahora, ardorosamente, un modelo de servicio público.
¡Qué catetos! Lo ha sido siempre. Sus informativos han cumplido una importante función de interés público en favor de la identidad de los propios canarios. Y si el Parlamento deja de manosearla con su incompetencia igual sobrevive otro cuarto de siglo.
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