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Opinión | Retiro lo escrito

Sigue la rochela

Venezuelan opposition leader María Corina Machado greets supporters on Pennsylvania Avenue near the White House after meeting with President Donald Trump Thursday, Jan. 15, 2026, in Washington. (AP Photo/Pablo Martinez Monsivais)

Venezuelan opposition leader María Corina Machado greets supporters on Pennsylvania Avenue near the White House after meeting with President Donald Trump Thursday, Jan. 15, 2026, in Washington. (AP Photo/Pablo Martinez Monsivais) / Pablo Martinez Monsivais / AP

En Venezuela no se ha entrado en una nueva normalidad. Las cosas no han cambiado en la cotidianidad de los venezolanos. La dictadura, ahora mismo, pega menos, persigue menos, encarcela menos, ruge menos odio y menos hiel, pero esa actitud no deriva de un plan de democratización, sino de una prudencia elemental para no molestar a los gringos. Los presos políticos liberados –apenas una fracción de los que continúan enjaulados, aunque entre ellos figuren algunos nombres relevantes– continúan procesados. Sus causa penales y civiles siguen abiertas y se las ha amenazado para que no hablen esgrimiendo falsarios argumentos jurídicos. Ahí sigue Diosdado Cabello al frente del Ministerio del Interior y los servicios de Inteligencia. Ahí sigue Vadimir Padrino como ministro de Defensa y general en jefe de las Fuerzas Armadas y no ha sido destituido ni un solo general, ni un solo coronel, ni un solo capitán. Ahí siguen el mayor Rodríguez Cabello como director general del Sebin y Héctor Obregón a cargo de Pdvesa después de la purga en la empresa estatal en 2024. Y al mismo tiempo Delci Rodríguez recibe en Miraflores con un traje verde esmeralda de miles de dólares al director de la CIA.

Lo que sigue en marcha es la operación montada por Donald Trump y Marco Rubio para explotar colonialmente Venezuela sin necesidad de cambiar en lo sustancial su régimen político, es decir, transformar la dictadura chavista por una dictablanda delcista. Es una ocurrencia genial de ese par de bribones y que parte de la interlocución que Rubio mantenía con la presidenta encargada dese hace bastante tiempo. Devorar Venezuela a través de una invasión terrestre era carísimo –mantener el USS Gerald Ford cuesta ocho millones y medio dólares diarios – y demandaría la vida de cientos de militares estadounidenses a pocos meses de las elecciones de medio mandato. Así que optaron por la traición de los hermanos Rodríguez –y con toda seguridad de oficiales de alto rango todavía en la sombra dentro y fuera de la contrainteligencia militar– e inaugurar este demencial modelo de control político a distancia, que está destinado al fracaso. La única duda es si se tratará de un fracaso muy carnicero o poco ensangrentado.

Simplemente no puedes gestionar un país como Venezuela desde seis mil kilómetros de distancia cuando apenas cuentas con una administración crónicamente ineficiente, ineficaz, muy poco profesional y con una cultura tribal y mafiosa coagulada durante medio siglo de autoritarismo. No puedes gestionar un país cuyas Fuerzas Armadas y servicios policiales no controla la presidenta encargada, quien se limita a sortear el derrumbe del delicadísimo equilibrio entre los capos del régimen. Estas circunstancias no garantizan –más bien lo contrario– la seguridad jurídica que exigen las grandes compañías petroleras y gasísticas para invertir los muchos miles de millones de dólares imprescindibles para la modernización de las estructuras tecnológicas de extracción y distribución del crudo, ahora mismo, y pese a los esfuerzos con capital chino en los últimos años, claramente obsoletas y con una productividad decreciente. Trump empieza a impacientarse. Ha podido retirar (requisar en realidad) varias decenas de millones de barriles de petróleo, pero las grandes petroleras callan, se hacen las remolonas, reducen sus expectativas o hablan del futuro promisorio, no del presente inmediato.

Ciertamente es asombroso lo que está ocurriendo. Trump está jugando en Venezuela con el miedo de la élite chavista. El terror a un fin similar al de Nicolás Maduro y su esposa, sin descartar aparecer ahorcados en una celda helada. Sin embargo, eso no funciona ilimitadamente. Ni siquiera zoquetes tan crueles como Cabello o Padrino son tan lerdos como para ignorar que en esa actitud de Trump y su gobierno se detecta tanta fuerza bruta como miedo a un precio económica y moralmente demasiado alto. Ha sido una alegría ver a Maduro engrilletado y destino a la presión, pero los que viven exclusivamente de ese chute de alegría política y personal deben abandonar la rochela, porque Venezuela sigue en grave peligro.

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