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Opinión | Observatorio

José Luis Rivero Ceballos

Acertijos, enigmas y misterios de la economía de Canarias

Oficina de empleo

Oficina de empleo / EUROPA PRESS - Archivo

En 1939, Winston Churchill dijo que Rusia era un acertijo, envuelto en un misterio, dentro de un enigma. La frase es ingeniosa, remite a lo que nos hace dudar, bien porque voluntariamente presentamos un problema con información sesgada, bien porque la complejidad es tal que sitúa la compresión fuera del alcance de las capacidades. En la economía de Canarias hay acertijos, misterios y enigmas que desafían nuestra cultura.

Uno de los acertijos, envuelto en un misterio, dentro de un enigma, más debatido en los últimos años consiste en preguntar cómo es que la baja productividad aparente del factor trabajo es compatible con un notable crecimiento de la actividad económica. Esto es contraintuitivo por lo menos.

Es indudable que existe preocupación entre empresarios, trabajadores y políticos. En ocasiones este debate mezcla diferentes niveles de la economía o busca razones en variables remotamente relacionadas. Por ejemplo, el debate se mezcla con el absentismo; en otros casos, se pone el énfasis en la organización del trabajo, los salarios y la tecnología. En nuestra opinión, estas razones tienen poca relevancia para la productividad, aunque puedan tenerla para otros problemas de la economía. Merece pues que le dedicamos atención exponiendo algunas ideas al respecto.

Debemos empezar recordando que la productividad aparente del factor trabajo se calcula por una simple división entre el PIB (en términos constantes) y el empleo total o las horas de trabajo, según la Contabilidad Regional de España (Instituto Nacional de Estadística, INE). Esta división revela un primer resultado: la productividad aparente del factor trabajo en Canarias es inferior a la de toda España desde principios de siglo. Atendiendo a la información de 2024, superamos en España a Andalucía, Extremadura y Murcia. (Observatorio de la Productividad y la Competitividad de España, Fundación BBVA). Conviene también tener en cuenta que para el mismo año la productividad del capital en Canarias es la cuarta más alta, tras País Vasco, Cataluña y Madrid. Esta información es cierta, pero requiere de una descripción más detallada.

La evolución principios del siglo XX hasta el 2021 es la siguiente: cuando hay una fase de expansión en el crecimiento económico, la productividad del trabajo cae (2000-2007 y 2014-2021); cuando hay una fase de moderado crecimiento o recesión, la productividad crece (2008-2013). La razón es muy fácil de entender, recordemos que la productividad del tarbajo es una simple división: cuando hay una fase de expansión, el empleo crece más que el PIB; cuando hay una fase de moderado crecimiento, cae más el empleo que el PIB. Pero este hecho contradice tanto la intuición como el análisis económico (Contabilidad Regional de España, INE). ¿Cómo es que cuando las cosas van mal la productividad crece y cuando van bien cae? ¿acertijo, misterio, enigma? En mi opinión, la razón se encuentra en que la productividad del factor trabajo sólo es un indicador de cuánto de intensivo es el uso del trabajo. Nada más.

Y ahora viene lo más interesante. En la última fase de crecimiento económico, a partir del año 2021, con tasas anuales de variación del PIB en Canarias muy altas, mayores que las de España en conjunto, e impulso notable del empleo, la productividad del trabajo se incrementó hasta alcanzar el mayor nivel del siglo XXI. Justo lo contrario de lo que habíamos descrito para los años anteriores.

Podríamos explicar esta evolución señalando otras características de la economía de Canarias. Interesa hablar de las cadenas de valor y sus efectos en los cálculos de la productividad. Pero esto requiere entrar en el espinoso asunto de las “fugas” de valor que condicionan el cálculo del valor añadido bruto y, por tanto, de la productividad. Basta decir que en las pequeñas economías insulares que no son paraísos fiscales, parte de la distribución del valor generado “se fuga” hacia otros destinos más amables fiscalmente, o a territorios donde se localizan empresas con mayor poder negociador, a través de las posibilidades que ofrecen las denominadas “cadenas de valor”. Este es un asunto trascendente que lo dejamos aquí porque su análisis requiere mayor atención. También podrían considerarse otras razones como la dimensión de las empresas o la mayor participación en el valor añadido bruto de actividades que usan intensivamente el trabajo.

¿Cómo es posible que se obtengan fases de potente crecimiento económico y el empleo como la actual y de la productividad? En realidad, en nuestra pequeña economía insular, el crecimiento económico no depende de la productividad del trabajo, sino de la rentabilidad de las empresas. La rentabilidad del pasado condiciona las expectativas y, en consecuencia, el crecimiento de la economía. De esta suerte, según la información de la Central de Balance del Banco de España para 2024, la rentabilidad ordinaria del activo neto de las empresas pequeñas y medianas en Canarias es superior a la media de España, y la de las grandes es sólo ligeramente inferior. De ahí el impulso al crecimiento económico, superior en las Islas al del conjunto de España.

Así que en la economía insular se combinan limitaciones con ventajas absolutas y políticas que buscan potenciarlas. Jorge Lozano, catedrático de la Universidad Complutense de teoría de la información, ilustre palmero, tristemente fallecido, escribió que la característica fundamental de las islas es la “exuberancia del límite”.

La pequeña dimensión del mercado es un límite a la producción de las empresas, en consecuencia, a la reducción de costes unitarios y la competencia. Además, hay costes derivados de la insularidad alejada que se refieren al transporte, costes financieros de almacenamiento, del sobredimensionamiento de los equipos, de desplazamiento, seguros, por citar sólo algunos. Carecemos de materias primas apreciadas por el mercado. Aun así, la economía de las Islas logró despegar a principios de los años sesenta del siglo XX. ¿Cómo nos la hemos arreglado para resolver el enigma del desarrollo?

La clave está en que la ventaja relativa, el principio ricardiano del comercio internacional por excelencia, no es suficiente en el caso de las pequeñas economías insulares. Sin embargo, hemos aprovechado las ventajas absolutas.

La mayor parte de las pequeñas economías insulares sufren limitaciones, son vulnerables. Pensemos en las regiones ultraperiféricas de Francia y Portugal, con las que compartimos estatus en la Unión Europea (art. 349 del TFUE), en los demás territorios de ultramar franceses. Pero esto no es un destino manifiesto, otras islas han logrado vías de desarrollo exitosas. Se suele citar la “paradoja de Singapur”. Algunas islas han elegido la vía de los paraísos fiscales. Canarias, en cambio, ha aprovechado la ventaja absoluta derivada de su situación geográfica para desarrollar las actividades relacionadas con la demanda de servicios turísticos, la agricultura y el comercio. Y estas ventajas absolutas se han apoyado en un complejo andamiaje institucional y fiscal.

Así pues, en Canarias hemos dado respuesta al enigma. Consiste en superar algunas de las limitaciones de las pequeñas economías alejadas de los grandes mercados. No podemos eliminar las limitaciones, pero si podemos superarlas.

La idea de este artículo no es mostrar una Canarias sin problemas. Los hay y muy graves. Tenemos un alto grado de vulnerabilidad ante los shocks de la economía internacional, una alta tasa de paro incrustada en nuestra sociedad desde principios de los setenta del siglo pasado, notables disparidades de renta y riqueza, conflictiva relación entre medioambiente y crecimiento, y se podría seguir enumerando asuntos que nos complican la vida. La intención es sólo llamar la atención sobre algunos aspectos esenciales y no perder el tiempo y energías en resolver acertijos.

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