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Opinión | Visiones atlánticas

HUGO LUENGO

Evolución

Restos fósiles recuperados en Atapuerca

Restos fósiles recuperados en Atapuerca / Quaternary

En esta sociedad global sin rumbo nos acercamos a una ficción indeseable cercana a la alienación moral. Distopía que recuerda la obra maestra de Stanley Kubrik (EEUU 1928-RU 1999), 2001 Odisea del Espacio (1968), inspirada en la obra de Arthur C. Clark (RU 1917- Ceilán 2008), cuyo guion coescribieron. Fue Kubrik autor de Espartaco (1960), Lolita (1962), La Naranja Mecánica (1971) y con 2001 anticipa temas de hoy, evolución humana, tecnología, inteligencia artificial, vida extraterrestre y viajes en el tiempo. Arranca la película hace 4 millones de años en el amanecer del hombre, con una horda de Australopithecus en la sabana africana. Donde encuentran un monolito de granito negro inductor de su conciencia. De aquí da el salto al espacio a una nave en 1999 y van en busca del monolito a una de las 16 lunas de Júpiter, a 4,2 unidades astronómicas desde la luna. La Discovery 1 es conducida por una IA Hal 9000 que oye que quieren desconectarla y contra los principios de la robótica mata a algún tripulante, hasta que la desconectan. En la luna de Júpiter encuentran el mismo monolito negro, que es una puerta en el tiempo. Óscar en efectos especiales e incorporada en la Biblioteca del Congreso de EEUU.

Nos lleva la distopía de 2001 al pasado desde las excavaciones de Atapuerca, en la sierra de Burgos. El único lugar del mundo donde 5 especies humanas compartieron lugar. Desde 7 millones de años de origen de homo tenemos unas 420.000 generaciones, en la historia de 2.000 años sólo 120. Encontramos en Atapuerca a Homo erectus, fechado en torno a 1,22 millones de años. A Homo antecessor, con edades de 900-800 mil años, que ya practicaban el canibalismo. A Homo heildelbergensis con 500-250.000 años, con prácticas funerarias. A seguido, Homo neandhertalensis 110-28.000 años y finalmente Homo sapiens, 13.500-3400 años, que llegó a Eurasia desde África en tres salidas conocidas, hace 190/170.000 años, la segunda 130/190.000 años y 60/50.000 años la tercera.

La actual eclosión de excavaciones reescribe la historia del árbol filogenético, del originario lineal al nuevo en red. Confluyen arqueología, paleontología, geología, tafonomía, zoología, botánica, genética, antropología, para construir el pasado. Donde operan los fenómenos de hibridación, que vía introgresión incorporan genes de otras especies, con las que mantienen capacidad reproductiva. Marcará la evolución la bipedestación hace 4 millones de años, la aparición del fuego hace 2 millones de años, la adquisición del lenguaje y las protorreligiones animistas, hace al menos 1,2 millones de años. Canibalismo, animismo y tabú del incesto sostendrán culturalmente la evolución de homo. El canibalismo entendido en la complejidad de significados, ligado a incorporar la fuerza del enemigo, trasmitir el poder divino y en casos extremos sobrevivir con la antropofagia. A él ligadas las religiones animistas, primeras expresiones del fenómeno religioso, donde la vida del ancestro continúa después de la muerte; todos les entes incluso materiales tienen vida propia. Para conjurar a los dioses se ofrecen sacrificios, también humanos. Aparece el tabú del incesto como institución cultural, para garantizar la supervivencia del grupo. Hace unos 12.000 años 700 generaciones, nos quedamos sólos. Las 6 especies existentes se hibridaron, de manera que portamos ADN neandhertal y denisovano. Sobrevivió sapiens, neandhertal estaba formado por pequeños grupos de 10-20 individuos aislados y endogámicos, cuya acumulación de alelos desplomó la fertilidad, elevando su fragilidad ante la enfermedad.

Y de nuevo como en 2001 volvemos al espacio. Donde nos movemos en dimensiones de espacio y tiempo inmanejables. La estrella más cercana de nuestra galaxia, la Vía Láctea, es Alpha Centauri, que está a 4,3 años luz de la tierra. Con nuestras actuales naves tardaríamos unos 18.000 años en llegar, cuanto más a aquellas situadas a 100-1000 años luz. Sólo llevamos 100 años con capacidad para emitir señales interestelares. En las dimensiones consideradas no sólo las civilizaciones deben estar cerca, sino vivas en el mismo tramo temporal. En este universo asincronizado pudiéramos estar contactando con civilizaciones ya desaparecidas. Miles de civilizaciones emergentes en un mismo tiempo cósmico, con distancias y tecnologías no coincidentes. El cosmos sería un organismo en fase inicial. Igual adelantaríamos la historia cósmica, localizando el monolito negro que nos abriera los viajes en el tiempo.

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