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Opinión | El recorte

Una desvergüenza

La vicepresidenta y ministra de Hacienda, María Jesús Montero, llega a la rueda de prensa que ofreció el pasado viernes en Madrid para presentar la propuesta del nuevo modelo de financiación autonómica. EFE/ Zipi Aragon

La vicepresidenta y ministra de Hacienda, María Jesús Montero, llega a la rueda de prensa que ofreció el pasado viernes en Madrid para presentar la propuesta del nuevo modelo de financiación autonómica. EFE/ Zipi Aragon / ZIPI ARAGON / EFE

Todos los ciudadanos somos iguales ante la ley, pero no ante el Gobierno de España. Con los nuevos 21.000 millones para reforzar el Sistema de Financiación de las Autonomías, cada catalán recibiría 577 euros y cada canario solo 270. No parece demasiada igualdad. Pero es que, además, la igualdad no es tratar igualmente a los desiguales sino atender a cada uno según sus necesidades. Más a los que menos tienen. Justo al revés de lo que está haciendo Moncloa, que privilegia a los más ricos.

Incluso el más ignorante puede entender que lo que está haciendo el Gobierno es comprar los votos de los independentistas catalanes. Primero determinó cuánto dinero le pedían y después montó un sistema de reparto fabricado ex profeso para dárselo. Junto a los mil millones de fondos europeos Next Generation. Y junto a la condonación de la deuda. Por eso se inventan un párrafo antológico que merecería un capítulo en la historia del esperpento político nacional: «Ante los desafíos de la crisis climática, se dotará al sistema de financiación de un fondo climático de unos 1.000 millones. 2/3 del mismo se repartirán entre las autonomías del litoral mediterráneo, las más afectadas por su exposición al calentamiento del Mar Mediterráneo y su efecto sobre el clima». Tócate los clorocos. Más de doscientos millones para luchar contra el cambio climático en Cataluña y cero euros para Canarias. Por no hablar del «instrumento» que premia la recaudación del IVA en las pymes, que supondrá 1.440 millones para Cataluña y, nuevamente, cero euros para Canarias.

El problema no es que sea una desvergüenza. Es que no se molestan en disimularla. Da igual que las comunidades socialistas, Castillla-La Mancha y Asturias, también consideren que la propuesta es un robo. Da igual que el sentido común diga que no se puede tratar mejor a los más ricos. Sánchez quiere atar los votos de los independentistas para seguir en Moncloa y todo lo demás le importa un higo pico.

El nuevo Sistema de Financiación no se aprobará en el Congreso. Pero no descarten que el Gobierno, que ha traspasado tantas líneas rojas, sea capaz de imponerlo vulnerando la legalidad por la vía de los hechos consumados. Y para Canarias el panorama que se vislumbra es ominoso. El fin de la solidaridad entre territorios implica que se va a ir cerrando el grifo de la financiación de la que vivimos. Caen las ayudas de Europa. Descienden las ayudas del Estado. Y nosotros nos quedamos flotando en medio del Atlántico en siete islas naufragadas.

Canarias es la séptima importadora de mercancías, en valor, de España (18.000 millones en 2023) a donde solo exportamos menos de mil millones. Tiene un PIB cercano a los 60.000 millones pero podría ser mucho mayor si diseñamos un sistema fiscal que favorezca el libre comercio y acabe con el drenaje de capitales que se obtienen en las Islas y terminan fuera de aquí. Estamos a tiempo de cambiar limosnas ajenas por beneficios que solo dependan de nosotros. Están desmontando el Estado de bienestar delante de nuestras narices. Antes de quedarnos colgados sería sensato que empecemos a garantizar el nuestro. Uno que no dependa de nadie. Se llama autonomía.

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