Opinión | El recorte
Dios los cría…

Trump dice que los líderes de Irán le "llamaron" y "quieren negociar" / NIALL CARSON / PA WIRE / EUROPA PRESS
La pulsión populista tiene sus propias lógicas políticas, que no pueden analizarse con la plantilla de las ideologías clásicas. A Donald Trump lo identifican los medios españoles como a un genuino representante de la ultraderecha. Pero el presidente de los Estados Unidos, a pesar de ser empresario, parece un enemigo tanto del Estado como del mercado. Quiere acabar con la burocracia del «Estado profundo», la influencia de las grandes corporaciones y Wall Street en la administración federal, la globalización que drena recursos de los ciudadanos norteamericanos o las políticas de lucha contra el cambio climático, que encarecen la vida. Y es verdad que ha declarado una guerra brutal contra la inmigración, pero eso, a menor escala, también lo hicieron presidentes demócratas.
Pero nuevas medidas de Trump les van a sonar. Después de promulgar nuevas directrices alimentarias, para que los obesos ciudadanos norteamericanos se alimenten de forma más sana, ha anunciado que prohibirá la adquisición de viviendas unipersonales a los grandes fondos de inversión. «Porque en las casas vive la gente, no las corporaciones», ha dicho el tipo.
Además ha adelantado otra nueva medida estrella dentro de su campaña American workers first (Los trabajadores norteamericanos primero). Pretende intervenir y limitar los dividendos de las grandes empresas contratistas de Defensa si no dedican parte de sus beneficios a la inversión, a nuevas fábricas, más producción, más empleo y mejores salarios. Y ha sido especialmente crítico con los sueldos de los directivos de grandes corporaciones, que pretende limitar a un máximo de cinco millones anuales.
A poco que lo piensen, cualquiera de estas medidas haría feliz a la extrema izquierda española. Planteadas de otra manera, no demasiado distinta, ya las hemos escuchado en nuestro propio país. Así que ¿cómo es posible que un tipo que simboliza la extrema derecha esté lanzando ideas de intervención a saco en los mercados que parecen propias de la extrema izquierda? La respuesta, como ya les comentaba, es que el populismo no encaja en las ideologías clásicas. Sus líderes son locomotoras a todo trapo que embestirán desafiantes todos los obstáculos y fronteras, incluida la de la razón, para imponer lo que ellos consideran que es la verdad revelada.
Por mucho que cause cierta diversión ver al Gobierno social populista español proponiendo algunas de las recetas que ahora lanza Trump, no tiene nada de divertido. La intervención traumática en las sociedades de libre mercado acaba siempre como el rosario de la aurora. Los dictadores de la vieja Europa creyeron ser más listos que el mercado y más eficientes que la libertad. Fascistas y comunistas intervinieron la producción, impusieron medidas arbitrarias sobre precios y productos, sobre viviendas o salarios. Y todos ellos terminaron creando los mayores desastres sociales.
Trump, por último, ha anunciado que dará un cheque de dos mil dólares a todos los ciudadanos, para repartir con ellos los beneficios obtenidos con sus aranceles. O sea, el ‘cheque bebé’ de Zapatero, pero a lo bestia. Que el mundo esté en manos de estos ilustres ignorantes acojona. Dios los cría y ellos se juntan.
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