Opinión | El recorte
Una semana de película
Ni siquiera a la extrema izquierda española que ante el secuestro de Maduro ha despertado denunciando virulentamente la vulneración del derecho internacional por el fascista Trump. Un acto horrible, un secuestro sangriento, una muestra del imperialismo yanki… en fin, toda la pesca.

Cientos de personas durante la concentración en apoyo de Venezuela y de celebración por la captura de Nicolás Maduro, en la Puerta del Sol, a 3 de enero de 2026, en Madrid (España). Se trata de un acto de apoyo al pueblo venezolano, celebración de la detención de Maduro tras el ataque de Estados Unidos y exigencia de libertad para presos políticos y cambio de régimen. / Diego Radamés / Europa Press
A veces hay que aguantar las arcadas. Como cuando vas por el campo y pasas por delante de una carroña maloliente. O como cuando lees que alguien felicita a Zapatero por sus gestiones para la liberación de unos ciudadanos españoles que la dictadura bolivariana tenía secuestrados en sus infiernos carcelarios. Hay que tener mucho estómago y creer que la gente es completamente idiota.
Maduro ha caído de mala manera y han empezado a pasar cosas. Unas, como lo de los presos, netamente buenas. Otras no tanto. Pero es lo que hay. A los excarcelados españoles se les ha exigido que no cuenten el infierno que han vivido. Les han chantajeado diciendo que podrían impedir la posible liberación de otros cautivos. Esta última extorsión demuestra el grado de imbecilidad del Gobierno venezolano, que intenta impedir lo que simplemente va a ser inevitable.
Esta semana también se ha cerrado un poco más la cuerda mediática sobre el cogote de un ciudadano español y socialista llamado Rodríguez Zapatero. La Audiencia Nacional echó más leña al fuego invernal abriendo diligencias previas para determinar si debe investigarse sus posibles vínculos con la red criminal montada en el entorno de Nicolás Maduro. Zapatero no es un cargo público. Si se ha enriquecido cobrando de Venezuela, haciendo de valedor de la dictadura, sería poco ético, pero no necesariamente delictivo. Así que es de suponer que lo que se está buscando judicialmente es otra cosa. Como la financiación de partidos políticos en España, que es harina de otro venenoso costal.
Todo suena como el guion de una serie de Netflix. Pero es que hay un ex director de la Inteligencia de Venezuela, el Pollo Carvajal, detenido en Estados Unidos, que está hablando de pagos de enormes cantidades de dinero a Zapatero por sus ‘gestiones’ ante Nicolás Maduro y su Gobierno. Lo mismo que ya avisaba un directivo de la petrolera estatal venezolana, PDVSA, Márquez Cabrera, que pocos días antes de comparecer ante un tribunal en España, donde pensaba hacer importantes revelaciones, en julio de 2019, apareció ahorcado. Historias para no dormir.
También esta semana, el Gobierno de Suiza anunció el embargo cautelar del dinero que Nicolás Maduro y otros miembros del Gobierno revolucionario bolivariano —no se citan por su nombre— tienen en varios bancos de ese país. Una sorprendente noticia que ya no sorprendió a nadie. Ni siquiera a la extrema izquierda española que ante el secuestro de Maduro ha despertado denunciando virulentamente la vulneración del derecho internacional por el fascista Trump. Un acto horrible, un secuestro sangriento, una muestra del imperialismo yanki… en fin, toda la pesca.
Cuando la policía secreta bolivariana sacó de sus casas con violencia a líderes opositores y a ciudadanos críticos con el régimen, esa misma izquierda no consideró que se vulnerase derecho alguno. Cuando Rafael Acosta, Fernando Albán, Salvador Franco, Oswal González, Edwin Santos, Reinaldo Araujo, Jesús Manuel Martínez y otros muchos, les fueron arrebatados a sus familias, secuestrados para acabar asesinados bajo custodia policial o muertos por falta de asistencia médica, no se alzó ninguna voz democrática para denunciar a un régimen criminal apoyado en las bayonetas.
En el lecho de Procusto progresista cabían perfectamente Maduro y sus secuaces. No hubo reproches. Muy al contrario, siguen recibiendo el cálido apoyo, ciegamente entusiasta, de la izquierda española. «Bombardean Venezuela para robarles el petróleo e imponerles un gobierno títere. Permanecer en la OTAN es colaboracionismo con un Estado criminal», escribió Pablo Iglesias tras el ataque norteamericano al palacio de Miraflores. Y Juan Carlos Monedero, desgarrado por el dolor, exclamaba en sus redes: «Los civiles asesinados por Trump esta madrugada en Caracas son un espejo terrible para la humanidad».
Estado criminal. Civiles asesinados. Espejo terrible para la humanidad. Es una pena que la literatura progresista no sea universal. También habría valido para Maduro. Solo que él era un dictador con licencia para matar. Los actos y las palabras de líderes populistas como Trump producen miedo y asco. Los argumentos de la izquierda populista española, solo asco.
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