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Opinión | El recorte

Pasta por tiempo

Oriol Junqueras, después de la reunión con Pedro Sánchez en Moncloa.

Oriol Junqueras, después de la reunión con Pedro Sánchez en Moncloa.

El presidente superviviente ha lanzado otro trozo de carne a los tiburones que circundan la frágil balsa en la que flota a la deriva. La reunión con el líder de Esquerra Republicana (ERC), Oriol Junqueras, terminó ayer en acuerdo. Los catalanes recibirán alrededor de cinco mil millones más de euros al año en aplicación de lo que se ha dado en llamar «principio de ordinalidad». Aquellos territorios que más recauden recibirán más.

Para un liberal el acuerdo es irreprochable, porque se basa en la lógica de que quien más trabaje, quien más éxito tenga o quien más produce reciba más. El problema, no pequeño, es que contradice todo lo que la izquierda ha defendido tradicionalmente en este país, donde el que más gana debe aportar más al fondo común que redistribuye la riqueza. Y esa abdicación de principios, esa contradicción, es aún más vergonzante porque no se produce por un cambio de filosofía, sino por la pura necesidad de supervivencia personal de Pedro Sánchez, que está dispuesto a lo que sea para poder seguir en el poder.

Junqueras, al término de la reunión en Moncloa, contó el cuento de la lechera, al que hoy hará el coro gregoriano la ministra de Hacienda, María Jesús Montero. Según su increíble relato, el hecho de que Cataluña –y Madrid– reciban más del fondo común no va a significar que otros reciban menos sino que, al contrario, todo el mundo recibirá más. «Es un buen modelo de financiación en el que nadie pierde y en el que todo el mundo gana», dijo Junqueras. ¡Acabáramos! El Sanchismo ha inventado la máquina del movimiento perpetuo. La fusión fría de las cuentas públicas y los presupuestos cuánticos. Un universo alternativo en el que todo el mundo aportará menos pero cobrará más. El milagro de los panes y los peces del Sermón de la Montaña donde el ilusionista Sánchez ya no es que saque conejos de una inagotable chistera, sino miles de millones obrados por el puro milagro.

Tal vez consideren que es posible venderle a un país idiotizado una explicación tan burda como la que están dando. Pero hasta el que asó la manteca sabe que si en un reparto alguien se lleva más, inexorablemente otro alguien recibirá menos. Como el Gobierno de España quiere contentar a los catalanes, pero no encabritar a los demás territorios, cabe el delirio de pensar que se aumenten los fondos autonómicos sobre la base de detraer recursos de otras inversiones y gastos del Estado. O sea, alguien lo pagará, pero de tapadillo.

En lo que afecta a las Islas, la cosa pinta más bien fea. El indisimulado propósito de la Hacienda goda es considerar que los recursos del REF canario «son» financiación ordinaria. Es decir, que lo que se diseñó para compensar las limitaciones estructurales de un archipiélago lejano computaría como ingresos a la hora de calcular el reparto de fondos estatales. Eso, traducido en euros, puede significar que perdamos entre tres y cinco mil millones al año. Porque van a considerar que el precio de una silla de ruedas es parte del salario.

Me pregunto cómo van a defender desde el sector progresista que los que más ganan reciban más. Y si ese principio de «ordinalidad» de los territorios se va a aplicar también a las personas.

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