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Opinión | Retiro lo escrito

Hundimiento o guerra civil

FOTODELDÍA STXX07. NUEVA YORK (ESTADOS UNIDOS), 05/01/2026.- El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro (2-i) y su esposa, Cilia Flores (d), llegan al helipuerto de Wall Street este lunes, para ser traslados al tribunal federal en Nueva York (EE.UU.). EFE/ Stringer

FOTODELDÍA STXX07. NUEVA YORK (ESTADOS UNIDOS), 05/01/2026.- El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro (2-i) y su esposa, Cilia Flores (d), llegan al helipuerto de Wall Street este lunes, para ser traslados al tribunal federal en Nueva York (EE.UU.). EFE/ Stringer / Stringer / EFE

Repaso las imágenes de Nicolás Maduro detenido, engrilletado, rodeado y custodiado por policías y agentes de la DEA. Las vuelvo a repasar. Y reconozco que gozo un puyero con las deleitosas imágenes de un criminal detenido y camino a la cárcel primero y a un juzgado después. Es maravilloso observar a esa bestia arrodillada. Pero llega el momento de detenerse. Y entonces uno comprueba de nuevo que el régimen dictatorial sigue intacto, que las bandas criminales que integran el chavismo siguen operando, que frente a las fuerzas armadas continúa Vladimir Padrino y al mando de las milicias y del Sebin Diosdado Cabello. Porque ha ocurrido algo inimaginable: la alianza entre lo peor que ha dado políticamente Estados Unidos y lo peor que ha padecido Venezuela en toda su Historia. Se entienden perfectamente. A ninguno de los dos socios les interesan los principios democráticos ni los derechos civiles. En rigor no les interesa siquiera la política. Pero el único lenguaje que comparten es el del poder y ese lo entienden perfectamente unos y otros.

Aun así esto no va a funcionar. Leo a bellas almas por los rincones del periodismo y los arrabales de las redes sociales invocando una racionalización narrativa de lo que está ocurriendo. Por ejemplo, que la decisión de apoyar a Delcy Rodríguez -ahora presidenta encargada - es fríamente pragmática, porque Eduardo González Urrutia y María Corina Machado “no controlan al ejército ni a los servicios de inteligencia”. Bueno, ahí va un secreto: la señora Rodríguez tampoco. Controlar las Fuerzas Armadas es algo más que contar con la discreta anuencia de algunos generales. Si buscas un régimen completamente inapropiado para una operación como la diseñada por los Estados Unidos lo encontrarás en el chavismo, en la articulación de sus estructuras de poder, en su funcionamiento divergente, en el caos premeditado y al mismo tiempo espontáneo de su gestión, en la horizontalidad de un mando repartido en distintos clanes y fulanismos, hasta tal punto que existen departamentos enteros en el occidente de la república en el que el Estado ya no controla política ni económicamente el territorio. Maduro era más un primus inter pares - y desde luego un símbolo, de la unidad del régimen - que un líder carismático en la cúspide de una estructura vertical de poder. Y si esa era la posición del ungido por el Comandante Eterno, ¿cómo va a ser distinta la de Delcy Rodríguez, aun junto a su jocicudo hermanísimo?

Todo está trufado de señales ominosas que apuntalan una sospecha: esto no es un proyecto reflexionado y coherente, sino una prototípica improvisación trumpista que no ha podido o querido neutralizar el secretario de Estado, Marcos Rubio, y su equipo de asesores. Lo único que estaba esmeradamente entrenado y programado era la operativa del secuestro de Maduro, que sin duda se vio facilitado por información interna venezolana. De nuevo entran en acción los esforzados constructores de una narrativa épica: los chavistas entregaron a su estólido presidente como moneda de cambio. El chavismo entrega al sucesor de Chávez a cambio de su supervivencia. Es absurdo. Bajo las premisas establecidas por Trump (la central: Estados Unidos controlará la economía venezolana y su funcionamiento institucional) el chavismo (y sus principales líderes) no puede sobrevivir como realidad política. El régimen está condenado. No es que los gringos no necesiten a Padrino, a Cabello o a Tarek William Saab, que ayer mismo anunció, como fiscal general de la República, que se investigarán las “docenas de muertos” causados por los bombardeos norteamericanos sobre Caracas y La Guaira el pasado fin de semana. Es que les urge quitárselos de encima y garantizar el orden público para que las empresas petroleras y mineras de Estados Unidos entre en el país. En pocas semanas estará claro el futuro de Venezuela: o la dictadura se desmorona -con varios cientos de militares y cargos públicos abandonando el país y sumiendo en el caos al Gobierno- o estallará una guerra civil.

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