Opinión | El cronista de la capital
José Manuel Ledesma Alonso
Plaza de la Iglesia
Situada a pocos metros del lugar fundacional de la ciudad, en el siglo XVI es el primer espacio en torno al que surge el principal núcleo edificado

Plaza de la Iglesia, 1910. / E. D.
La plaza de la Iglesia, situada a pocos metros del lugar fundacional de Santa Cruz, fue durante el siglo XVI el primer espacio público en torno al cual se aglutinaba el principal núcleo edificado y giraba la vida social de la Villa, al ser la antesala de la parroquia matriz de la Concepción.
En principio recibió el nombre de calle Ancha, ya que formaba parte del único camino que comunicaba con La Laguna y el interior de la Isla. Más tarde era conocida como calle Grande, denominación que respondía más a la importancia de los vecinos y familias que vivían en ella que a sus dimensiones dentro del entramado urbano, pues fue el lugar elegido por importantes navieros, militares, cónsules, comerciantes y funcionarios de la Villa de Santa Cruz para fijar su residencia, al estar situada en las inmediaciones de la iglesia parroquial de la Concepción.
La construcción civil más antigua que se conserva en esta plaza se encuentra en la esquina de la calle de Las Norias con la de Santo Domingo. Esta casa de estilo tradicional canario, de tres pisos con balcón corrido en la tercera planta, era propiedad de Matías Bernardo Rodríguez Carta y Abarca. En ella viviría el literato Benito Pérez Armas, al haberla heredado su esposa Elena González de Mesa.
En 1754 pierde protagonismo, con la obra del puente Zurita que desvía el tráfico rodado al camino de La Laguna o Rambla de Pulido
También tuvieron casa en esta plaza el obispo de Canaria Bartolomé García Ximénez, cuando en 1665 se estableció en Santa Cruz; los sacerdotes Ignacio y Rodrigo Logman, grandes benefactores de la Villa, cuya casa pasaría a la familia Bignoni, en 1747, y más tarde sería hotel; Diego Meade, cónsul de Gran Bretaña; etc.
En el número 8 de la plaza se levantaría una casa de dos plantas, que todavía se conserva, la cual pertenecía a Francisco Vizcaino, presbítero y canónigo de la catedral de Canaria, quien dejó establecido en su testamento que su alquiler fuese dedicado al beneficio de la salud pública e instrucción de la juventud, de manera que se pudo contratar a un médico y a un maestro de primeras letras. Esta casa sería, desde 1826 hasta 1837, la segunda sede del Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife, primero en régimen de alquiler y, más tarde, en propiedad. En 1850 se vendió con el fin de recaudar fondos para poder construir el Teatro Guimerá.

Plaza de la Iglesia. / E. D.
Adosada a ella, por la parte del mar, vivía Francisco Casalón, cónsul de Francia, cuya vivienda se la dejaría al capitán general marqués de la Concordia, en 1836, para que fijara su residencia.
Pegada a ella estaba la casa del alcalde Nicolás González Sopranis, la cual sería derribada, en 1880, para que el industrial Manuel Herrera y Hernández pudiera construir la fábrica de tabacos La Tinerfeña.
En esta plaza de la Iglesia también estuvo la sede del Círculo de Amistad, cuyo edificio fue pasto de las llamas en 1892, cuando en su entorno existían 15 edificios.
La plaza de la Iglesia era el lugar destinado a la exaltación de los grandes acontecimientos, pues aquí se reunieron los vecinos en 1808, cuando el alférez mayor de la Villa tremoló el pendón para celebrar que Fernando VII había sido coronado rey de España, tras la marcha de José Bonaparte, acto que se repetiría en 1833, cuando fue coronada Isabel II. En ella, el Ayuntamiento solía fijar los bandos, carteles que anunciaban órdenes o consejos para que fueran conocidos por la población.
Transformación de la plaza
La plaza comenzaría a perder protagonismo en 1754, pues la construcción del puente Zurita desviaría el tráfico rodado al camino de La Laguna (Rambla Pulido), a través de las calles del Sol (Doctor Allart) y La Luz (Imeldo Serís). Por este motivo, las propiedades comenzaron a depreciarse, situación que se agravaría al ser subastadas las casas altas y sobradas que habían pertenecido a la recién expulsada Compañía de Jesús, de manera que el centro vital de la ciudad se iría trasladando paulatinamente a la plaza de la Pila (La Candelaria).
En 1952, al ser derribadas las construcciones situadas en el lado Sur con la finalidad de construir la calle Bravo Murillo, su carácter histórico se falsearía al alterar su trazado original, vaciándolo de contenido y cambiando la visión del templo.
En el citado año, en un espacio ajardinado y rodeado de verja situado en el lado Norte de la plaza, se colocó la Cruz de Montañez que se encontraba en la parte alta de la plaza La Candelaria desde 1759, y que había sido donada por Bartolomé Antonio Méndez Montañés, hijo y vecino de Santa Cruz, capitán de forasteros, síndico personero y uno de los más importantes comerciantes y navieros de la Villa, al considerar que este lugar no tenía expuesto al público el símbolo epónimo por el que era conocido. Dentro del mismo recinto se encuentra un busto del sacerdote jesuita Luis María de Eguiraun, Hijo Adoptivo y Medalla de Plata de la Ciudad, pues su vida estuvo vinculada a la iglesia matriz de Nuestra Señora de la Concepción, desde 1934 a 1985, donde está enterrado.
En las Fiestas de Mayo, que conmemoran la fundación de la ciudad, en esta plaza se celebra el tradicional baile de magos, lugar emblemático puesto que aquí se colocó la Santa Cruz con la que se celebró la santa misa de acción de gracias, el 3 de mayo de 1494.
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