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Opinión | Visiones atlánticas

HUGO LUENGO

Desigualdades

Acemoglu en un momento de la entrevista

Acemoglu en un momento de la entrevista / Alba Villar

Entrados en 2026 nos espera un año de retos, según Daron Acemoglu, Nobel de Economía 2024, catedrático del MIT en Massachusetts, cuando sitúa a Europa lejos de EEUU y China en productividad, en innovación y en tecnologías clave. En medio del terremoto global España queda bloqueada en la agonía del sanchismo y se posiciona como irrelevante en la UE y la OTAN. Conflictos que se elevarán con la pérdida de los fondos europeos y el obligado gasto de defensa. Señala Acemoglu en Por qué fracasan las naciones que el desarrollo se sostiene en instituciones que tienen éxito cuando son inclusivas y fracasan cuando son extractivas. Sin embargo, el principio de desigualdad es común a todos los sistemas políticos, como nos enseñó el economista italiano Wilfredo Pareto (París, 1848-Suiza, 1923), al analizar los registros fiscales de Italia, Francia, Inglaterra y Prusia. Comprobó que un pequeño porcentaje de personas concentraba una parte desproporcionada de la riqueza y esto ocurría en todos los sistemas políticos, donde el 20% de la población acapara el 80% de la riqueza. Fenómeno que hoy llevado al extremo, en la cúspide de los nuevos señores feudales, el uno por mil tiene 3 veces más riqueza que el 50% de la población del planeta, 8.300 millones.

Nos acerca al principio de Pareto el biólogo canario Antonio Machado Carrillo, en su obra Catorce días. Reflexiones sobre la vida, la mente y más cosas (2017), cuando aplicado a los ecosistemas naturales señala que su equilibrio se consigue en asimetría, donde el 80% del esfuerzo produce el 20% del logro. Principio que se repite en el reparto de la riqueza en el mundo 80/20, y que encontramos más diluido en la población carcelaria española el 90/10 hombres y mujeres y en el fenómeno del suicidio 75/25 hombres y mujeres; que todos rehúyen cuando son 11 diarios, 4.000 al año, 77 veces más que las víctimas mortales de la violencia de género. En El Cultural Luis María Ansón, exdirector del ABC y consejero de Juan III, hace una crítica sosegada y señala la inoportunidad del libro de Juan Carlos I Reconciliación, textualmente «don Juan Carlos I diga lo que diga y haga lo que haga tendrá tal vez el apoyo del 20% de los medios de comunicación, pero el rechazo del 80%». Lógico después de vulnerar el principio de ejemplaridad que se le exige al rey al carecer de responsabilidad legal.

Llega más lejos situando el principio de Pareto el filósofo canario Juan Ezequiel Morales, hablándonos de Pareto y el capitalismo. En todos los países cualquiera que sea el sistema político la desigualdad extrema es la regularidad estadística, al margen de la moral y la historia. En el capitalismo con sus colas, actúan mecanismos que no suman sino multiplican, no hay centro estable y los extremos mandan haciendo robusto el capitalismo, donde los individuos actúan con mecanismos instintivos, ni lógicos ni racionales. Se pueden socialmente regular y redistribuir, pero las colas vuelven, son estructurales. En el comunismo y el socialismo les ilusiona cortar las colas, el comunismo clásico eliminaba la propiedad privada pero las colas no desaparecen, sino se mueven. Desaparece la cola del dinero y aparecen las nomenklaturas que se apoderan de ellas, toman las decisiones al margen de las instituciones y el partido coloca a los suyos a condición de mantener lealtad y silencio. La clave reside en saber qué mecanismos generan colas y cuales podemos amortiguar. El capitalismo funciona porque opera asumiendo el mundo de las colas, mientras que el comunismo falla porque finge que la cola es manipulable. La desigualdad precisa operar sobre esta situación inevitable, donde el mundo social se resiste a las fantasías igualitarias.

Con el resultado de las elecciones de Extremadura, Juan Carlos Rodríguez Ibarra, presidente por 6 legislaturas y 25 años, ante el colapso de la socialdemocracia, nos dice que «los socialistas sólo tenemos al estado para hacer políticas de igualdad», situación opuesta a la acción de su gobierno en Madrid, que opera de contrario. La inevitabilidad de los extremos estructurales, como nos señala Pareto, nace de la lógica de los ecosistemas naturales, que reproducen los sistemas sociales y donde las limitadas capacidades para equilibrar sus efectos operan con más eficacia en los sistemas capitalistas, que en los comunistas y socialistas. Pareto anticipó el inevitable giro a derechas de Europa, hoy en la globalización. n

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